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13.4.10

punto y aparte, otra vez



Éste que ven aquí es Diego. Podría echarle la culpa de que haga tanto tiempo que no escribo en Los Latidos, más allá de poner algún que otro vídeo o enlace suelto, pero no sería verdad. O al menos, no del todo. Es cierto que no tengo mucho tiempo libre, que las mañanas me las ocupa la oficina y las tardes el peque, pero además tengo que reconocer que no tengo ganas.

Durante estos últimos meses he aprendido que internet necesita una cierta dedicación que yo ahora no le puedo prestar. Si uno es más o menos constante, escribir en un blog y leer y participar en otros resulta una actividad muy gratificante, pero en cuanto se pierde esa regularidad, es tremendamente difícil retomar el hilo. Además, en estas semanas he tenido la sensación de que internet se ha convertido en un sitio lleno de conversaciones al más puro estilo "la tengo - no la tengo" de los niños intercambiando estampas en el patio del colegio, o gritando "primer" o "y tú más". Y me da muchísima pereza tratar de superar esta sensación para sentir que puedo tener algo que compartir con el mundo.

Es decir, ¿qué sentido puede tener que les cuente sobre los (pocos) discos que he comprado este año? ¿O sobre los (también pocos) que he escuchado y apreciado? Sé que no voy a compartir nada nuevo, y en el fondo, creo que tampoco se pretende, pero dudo que a estas alturas esas pequeñas cosas puedan interesar a nadie. Cada vez encuentro menos diversión en buscar novedades y reseñarlas, y estoy volviendo a percibir muchas cosas de una manera más íntima, más personal, más difícil de poner en palabras.

Del resto de cosas que se solía hablar en este blog... La política cada día me asquea más, estoy completamente al margen de los medios de comunicación, aún no he podido hincar el diente a ninguno de los libros que tengo pendientes desde Reyes (tampoco he dicho nunca cuáles son, y tampoco creo que interese demasiado), y el cine es una quimera (con el fabuloso cómputo de una película desde que nació Diego, vista hace dos semanas). Como ven, no es un panorama muy alentador para el objetivo de alimentar el blog.

Aunque, una vez más, el problema no es no tener de qué hablar, es que de pronto hablar de esas cosas se me hace fútil y el esfuerzo que tendría que realizar para ello, demasiado grande.

En la vida real, aparte de Diego, ha habido y habrá más cambios que me han tenido ocupada y entretenida. Así que, en lugar de postergar una agonía prevista, he decidido mantener Los Latidos en un segundo plano hasta poder volver a dedicarle tiempo y tener ganas de hacerlo. He buscado otras formas más simples de dar salida a las chorradas habituales que se me ocurren y por ahora creo que es todo lo que puedo dar de mí.

Volveré por aquí, pero no creo que sea pronto. Lo que espero es que sea para mejor.

8.3.10

8 de marzo

Cada 8 de marzo suelo escribir una entrada en Los Latidos, es una de esas cuatro fechas al año que siento la necesidad de conmemorar. Y siempre lo he hecho hablando de las mujeres que viven en otros países, donde la igualdad es una quimera y los abusos son terribles y diarios.

Hoy sigo pensando que lo primordial es recordar que, en comparación con la mayoría de la población mundial, las españolas somos unas privilegiadas en lo que respecta a la igualdad de sexos. Sin embargo, el pequeño detalle de haber pasado un embarazo y haber parido hace ocho meses me ha permitido conocer parte de esa realidad oculta en España, esas cosas de las que no se habla en ningún sitio porque al fin y al cabo, sólo afectan a las mujeres. Y, me van a perdonar, pero de eso es de lo que toca hablar hoy y ya los aviso de que esta entrada va a ser larga, con referencias personales y todo lo que haga falta.

Cuando le comentaba a la gente que estaba embarazada, una de las cosas que solían preguntarme era que si no me daba miedo el parto. Yo les decía que ni siquiera me lo planteaba, y era cierto. Desde el principio, pensé en el parto como una etapa más del embarazo. No se me pasaba por la cabeza que tuviera que tener motivos para asustarme por eso, simplemente cuando llegara el momento iría al hospital lo más tranquila posible y estaba convencida de que todo iría bien. En el tercer mes de embarazo empecé a buscar un sitio donde dieran clase de pilates para embarazadas (las normales ya no las podía hacer), más que nada para que mi espalda pudiera seguir sobreviviendo a las ocho horas y media que paso cada día sentada en la oficina. Así llegué a Blossom, un centro maternal que es de los pocos que ofrecía esas clases en Las Palmas.

Empecé a escuchar retazos de conversaciones durante los minutos previos a cada clase y muchas veces pensaba que estaba oyendo hablar en chino. Dado que me considero una persona relativamente informada del mundo que me rodea, no entendía por qué la mayor parte de las frases que escuchaba contenían al menos una o dos palabras que no había oído en mi vida, o que las había oído, pero las consideraba como algo muy ajeno. A lo largo de los dos últimos trimestres de mi embarazo, acabaron por parecerme como el abecedario, de tan familiares que me eran ya.

Decidí hacer allí también la preparación al parto, y durante esas clases terminé por comprender que un parto es todo un mundo (un embarazo también) y que la mayoría de las mujeres no tienen a su alcance ni el 10% de la información con la que acabé yo. Oí hablar de todas las posibles intervenciones con las que me iba a encontrar, de sus ventajas y sus riesgos, y de todas las decisiones que yo podría (o debería poder) tomar. También de las complicaciones que podían presentarse y de qué podía esperar en cada caso. Todo gracias a Laura Moya, la matrona que lleva el centro.

Fueron unos días duros, pero a la vez muy emocionantes. Me sentía como un niño que está aprendiendo a leer. Nuestro caso era un poco especial, porque Diego estaba de culo y no conseguimos que se diera la vuelta a pesar de intentarlo por todos los medios, así que la tensión durante las últimas semanas fue considerable, con la palabra cesárea amenazándonos desde casi todos los frentes.

Intentando leer más sobre los partos de nalgas me enteré de la existencia de la asociación El Parto es Nuestro. Hoy sigo suscrita a su lista de correo y me he hecho socia. Leo cada día historias espeluznantes, pero también otras felices, como fue la mía. La labor que hacen, peleando para que las mujeres tengan partos con la atención y el respeto adecuados, no se paga con dinero.

Desde aquellos días sigo haciéndome la misma pregunta: ¿por qué de esto nunca habla nadie? Es un tema tabú, algo que no se nombra y de lo que sólo te enteras cuando pasas por ello. A veces ni siquiera entonces. Sí, podría ser por un cierto sentido del pudor, pero cada día estoy más convencida de que es sólo un muestra más de que en este país la sexualidad de las mujeres, con todo lo que conlleva, no importa un pimiento. En muchos de los casos, porque la información está en manos de hombres y son ellos los que deciden qué es lo importante y qué no, así que de esto no se habla.

Hay excepciones, por supuesto. Una que considero fundamental es el magnífico reportaje De parto que emitió Documentos TV en el año 2006. Lo he visto dos veces, una antes de parir y otra después. Y las dos experimenté la misma rabia. Por supuesto, el cortometraje de Icíar Bollain Por tu propio bien, que se incluía en Hay motivo, también me parece una buenísima llamada de atención.



Poco a poco van saliendo noticias en los periódicos sobre tímidos avances en la atención al parto en España. Es especialmente esperanzador el documento del Servicio Nacional de Salud llamado Estrategia para la atención al parto normal, en el que se recogen las recomendaciones de la OMS como el objetivo a seguir de ahora en adelante. Ojalá los hospitales españoles empiecen a tomar medidas para cumplirlas.

Mi parto, vaginal, de nalgas y sin epidural, fue una experiencia maravillosa. En el hospital me cuidaron, me informaron de todo lo que pasaba, me respetaron y procuraron cumplir con todo lo que yo había pedido en mi plan de parto, a pesar de que era de alto riesgo. Ojalá todas las mujeres en este país pudieran decir lo mismo.


Hoy, cuando vi esta foto, entendí que en este proceso he recuperado también una parte de mi feminismo militante, que antes era más fuerte y ahora, de tanto darlo por sentado, lo había dejado también de lado.

Nosotras parimos, nosotras decidimos. Aborto libre, público y gratuito, por supuesto. Partos conscientes y respetados, por supuesto. Que las mujeres recuperemos el control de nuestro cuerpo y nuestra sexualidad. Afortunadamente somos muchas las que ya nos estamos organizando para conseguirlo.

PD. Hoy, siguiendo nuestra propia tradición, Jenaro me ha regalado flores. Claveles, que son mis preferidas. Sin embargo, el mejor regalo que me pudo hacer fue el esfuerzo de entenderme y respetarme cuando yo empecé a hablarle de presentar un plan de parto en el hospital y, una vez allí, tener siempre presente mis deseos y tratar de protegerlos y defenderlos lo mejor posible. Esto también va por él.

18.1.10

días extraños

La semana pasada me puse mala. El fin de semana anterior, por un cúmulo de circunstancias desafortunadas (dejémoslo así), tuve que trabajar intensivamente desde casa. Me echaron una mano Jenaro y mi madre en todo lo que pudieron, pero nadie me quitó acostarme de madrugada viernes, sábado y domingo. Si a eso le sumamos que el peque necesita atención y cuidados constantes, imagínense la piltrafilla que llegó a trabajar a la oficina ese lunes.

Y el martes exploté. Me tuve que ir a casa un cuarto de hora antes de que acabara mi jornada laboral porque me encontraba fatal y cuando llegué me metí en la cama muerta de frío. Me subió la fiebre hasta casi 39º y tenía escalofríos que no se me quitaban ni por nada. El bonito cuadro se completaba con un dolor de huesos que parecía que me habían dado una paliza. Al día siguiente fui a urgencias y me diagnosticaron gripe, pero yo sabía que no era eso lo que tenía. Efectivamente, no volví a tener fiebre ni escalofríos, aunque todavía me dolía la cabeza, el cuello y los riñones. Agotamiento y estrés, ese fantástico cóctel molotov, es lo que tenía.

Así que estos últimos días han sido de reflexión, por llamarlos de alguna forma. He hablado mucho sobre lo que me pasó y he llegado a la única conclusión que veo posible: necesito tomarme las cosas con más calma. He estado haciendo recuento de obligaciones y tratando de eliminar todas las que me sobran. Algunas me las he puesto yo misma, un montón de tengoqués que resuenan en mi cabeza sin descanso. También he hecho un listado de prioridades y he intentado ordenarlas. Algunas están claras, pero con otras aún tengo trabajo mental por hacer.

En fin. Estoy aprendiendo que tengo un límite físico que no puedo superar. Mi tiempo no es elástico, mis fuerzas ya no lo son tampoco. Estos días de relativo descanso me han venido muy bien, física y psicológicamente. Ayudan a ver las cosas de otra manera.

Mi principal objetivo ahora mismo es volver a disfrutar de las cosas que hago en mi tiempo libre, porque en algún momento de los últimos meses había perdido esa capacidad. Tomarme el trabajo con más calma también, conlleve lo que conlleve.

Tengo algunas cosas pendientes para escribir en el blog desde hace varios días, pero estaba intentando limitar al mínimo el tiempo que tenía encendido el ordenador. Iré escribiéndolas poco a poco.

7.1.10

personal: más confusión, aunque no más ruido

Sigo intentando ponerme al día con los discos del 2009. Hay ratos en los que me dejo llevar por la impaciencia y, en lugar de atacar un disco desde el principio, pincho canciones al azar, escucho un par de notas y salto a la mitad del tema para seguir escuchando un ratito. Pocos superan ese test de aleatoriedad. Curiosamente, es el mismo que suelo emplear cuando un libro me llama la atención en alguna tienda y no conozco al autor. Lo cojo, leo las primeras líneas y salto a un punto indefinido cerca de la mitad del libro para leer algunas líneas más. Si superan la prueba, lo compro o lo apunto para futuras compras. Y de vez en cuando sucede.

Me pregunto si el hecho de que los discos no pasen bien el test se debe a que sé muy bien lo que le pido a una novela, pero no lo que le pido a un disco. O si es porque la literatura que me gusta está muy definida y pocas veces me salgo de ese camino, mientras que la música que escucho se podría calificar, siendo amables, de dispersa.

Lo cual me lleva a la discusión que nos ha tenido enredados a Jenaro y a mí la mitad de las navidades, y que aún colea. Más o menos el objeto de la discordia es lo distinta que es la música que esucho ahora de la que escuchaba hace unos años. Supongo que todo se podría resumir en saber por qué, por primera vez en la vida, escucho cosas bastante compatibles con lo que escucha mi hermano (también conocido cariñosamente por mí como "el máximo de la Máxima"... de la Máxima FM, se entiende). No es lo que oigo exclusivamente, ni mucho menos, pero es que antes nuestros gustos ni se rozaban.

Tanto Jenaro, en su extrañeza, como yo, en mi defensa, tenemos argumentos de sobra. Pero el momento en que por primera vez decidí que la discusión dejaba de tener sentido fue después de pinchar durante un rato en el ROOMing el otro día. Dije que había horrorizado a los pocos amigos que estaban por allí, y aún lo pienso. Sin embargo, yo ese día necesitaba varias cosas que sólo podía proporcionarme una sesión como la que hice: divertirme de principio a fin, poner lo que me diera la gana sin condicionantes externos y pinchar temas que sabía con seguridad que no iba a poner nadie más (era una tarde-noche con 10 DJs distintos). El momento de poner El tigeraso de Maluca supongo que fue el súmmum del horror para ellos. A mí me parece una canción bastante divertida, pero reconozco que la diversión se termina cuando eres la única que lo piensa.

Así que ahora he vuelto a una especie de confusión músico-existencial, una extrañeza permanente conmigo misma y con mi entorno. En general todo se resume más o menos así:

  • hay música que me requiere esfuerzo y tengo que escuchar en momentos en los que pueda dedicarle tiempo. De ésta cada vez escucho menos.
  • hay música que me acompaña cuando estoy haciendo otras cosas y a la que no sólo no necesito prestarle atención, sino que me ayuda en el resto de mis tareas. Mucha de la música electrónica más tranquila que escucho se engloba en esta categoría.
  • hay música que me horroriza o me aburre y por tanto no la escucho.
  • hay música que me divierte y me sube el ánimo y ésa es la que prefiero pinchar, la que escucho en el iPod cuando me lo pongo por la calle y la que me gusta oír si entro en una tienda (se sorprenderían de lo bueno que es el hilo musical del H&M de aquí). Esta categoría, la mayor de todas, antes se componía casi exclusivamente de rock y pop y ha ido mutando para contener muchas otras cosas. Por el camino la cantidad de rock y pop se ha ido reduciendo bastante.
Además, me he saturado de las etiquetas y discusiones sobre lo indie y lo no indie, y ha llegado un momento en el que si alguien menciona esa palabra mi primera sensación es de rechazo. Eso no impide que uno de mis discos preferidos del 2009 sea el de The XX, a los que todo el mundo se refiere como grupo indie. Pero no pienso en ellos en esos términos, como en general no me dedico a etiquetar nada.

En cierta forma estoy más dispuesta a escuchar sonidos distintos a los que eran habituales para mí y mis gustos son más permeables que hace unos años, pero me pregunto si eso me ha hecho perder un cierto criterio musical.

Les pongo un ejemplo práctico. En un gesto de osadía que le honra, Jenaro ha decidido intentar entenderme y ahora se lleva mi iPod para ir a correr. Es un iPod de 2GB en el que sólo tengo algunos discos (pocos) y canciones sueltas de las que pinchaba en las sesiones del Mojo. Es decir, música movidita. Ha empezado a escuchar las canciones en orden y ayer, que era el tercer día de la prueba, llegó horrorizado. Según él, todo iba bien, porque le había tocado oír la segunda mitad del disco de The Bug y luego algunas canciones sueltas de Buraka Som Sistema. Las dos cosas le gustan. Luego no sé si vino alguna otra cosa y, de repente, la hecatombe. Tengo una canción de Cassino, Tu noche en mi coche. Supongo que es un buen ejemplo de canción que a mí me gusta por cualquiera sabe qué motivos (no los podría definir, la verdad), pero que a él puede muy bien parecerle aborrecible.

Ejemplos como ése son los que me hacen pensar en mi propio criterio musical. Hace años creo que esa canción también me hubiera gustado, pero hubiera sido una simple boutade por mi parte, entre toneladas de lo que se podría llamar "buen gusto". Eso me recuerda a cuando conocía a María, la amiga de la que hablaba en esta entrada (y que, por cierto, me encontró por el Facebook poco después y ahora ya estamos en contacto, como para menospreciar a la paginita de marras). Empezamos a hablar de música y, aunque ella me llevaba siglos de ventaja, compartíamos muchos gustos. Digamos que era el perfil más o menos indie o alternativo (cuando ninguna de estas dos etiquetas se habían vuelto aborrecibles) de mediados de los 90. Lo curioso es que cuando hablábamos de grupos que se salían un poco de esa línea, las dos coincidíamos también en ellos. No sé que nombre le daríamos en esa época. Tampoco sé si son lo que se suele llamar guilty pleasures. Simplemente, eran artistas que se salían de nuestras escuchas habituales, y esa extraña sincronía en nuestros "gustos raros" nos llamaba la atención.

Hoy en día, si yo empezara de nuevo la Universidad y me pusiera a hablar de música con alguien, no sé si encontraría a alguien con un perfil como el mío. Es más, me encantaría saber cuál es ahora mi perfil, y si es posible definirlo con alguna palabra que no sea incoherente.

Y en esas estoy. Pausa. Pasemos a algo más tangible.

Durante estos días no he escuchado discos suficientes como para poner las portadas y esas cosas habituales en las entradas anteriores, pero sí he oído alguno que otro. Clair, de JP Nataf, por ejemplo, que tuve que oír en Spotify (con su publicidad cada vez más incordiante) porque no lo encuentro por ningún lado, y que me gustó mucho. También me gustó muchísimo el de The Horrors, aunque creo que aún me faltan escuchas que darle, pero me sorprendió muy favorablemente. Yo no había escuchado el primero, pero después de leer críticas tan buenas de éste, me animé, y la verdad es que creo que está bastante bien. Eso sí, no paro de preguntarme cuándo se convirtieron en Joy Division, sobre todo después de escuchar canciones como ésta:


Los Reyes Magos, que ya saben que son muy sabios, me trajeron de regalo Chill Out, el disco de Joe Crepúsculo, y no vean lo que gana escuchado en la cadena y no en los auriculares. Creo que le voy cogiendo más cariño que la primera vez que lo oí.

En el apartado de lo olvidable, el disco nuevo de los Editors, con canciones que parecen de Duran Duran, pero interminables.

Y hoy estoy empezando el día con una mixtape de Buffet Libre, Verbena Selected 4, bastante entretenida. Supongo que en algún momento reuniré fuerzas para ponerme a escuchar los demás discos que me faltan del 2009 en condiciones y no en modo "pincho aquí, pincho allá". Mientras tanto, volver a los clásicos con una mixtape como ésta es una buena forma de que todo lo que he escrito deje de tener importancia, si es que la tuvo alguna vez.

26.12.09

navidad, otra vez

Mi concepto de la Navidad dura hasta el 6 de enero, así que aún no llego tarde para desearles felices fiestas a todos. Que sobrevivan a la marea consumista y que los compromisos de todo tipo les dejen un momento para pensar qué nuevas aventuras les traerá el 2010.

Que sean felices de verdad durante los próximos 365 días.

5.11.09

personal: en la cuenta atrás

Diego duerme a mi lado y a mí, mientras lo miro, me entra una melancolía difícil de explicar. Quizá porque es un sentimiento que también rezuma de algunas de las entradas que estoy leyendo en mi Google Reader, quizá porque el otoño es la estación propicia para ello, quizá porque este próximo lunes vuelvo a la oficina y con ello a la vida real.

Durante estos cuatro meses y medio he vivido suspendida sobre el mundo, flotando ingrávida sobre la vida que antes llevaba. Me he sentido al margen de muchas cosas y esa sensación a veces me ha ahogado y otras me ha liberado un poco.

Ahora que preparo mi vuelta oficial al trabajo (digo oficial porque no he dejado de teletrabajar durante toda mi baja de maternidad ni durante mi mes de vacaciones, que ahora termina), otras asignaturas pendientes me esperan también a la vuelta de la esquina. Los Latidos, como no podía ser de otra forma, está entre ellas.

No sé cómo voy a retomar el blog. No sé si habrá mixes, si habrá entradas más breves y apresuradas, si habrá tiempo para la reflexión como a mí me gustaba. Por lo pronto, después de unas semanas de desidia, esta mañana me sorprendí a mí misma pensando en una nueva serie que me gustaría escribir en el blog. No sé si lo haré, ahora mismo se me antoja demasiado personal y demasiado inabarcable, pero sólo el hecho de haberlo pensado me parece muy buena señal.

Pronto estaré de vuelta.

17.9.09

personal: inventario de tareas pendientes

  • Miles de elementos por leer en el Google Reader: conseguido, aunque dando por leídos unos cuantos de ellos sin haberlo hecho.

  • Rock De Lux de julio y de septiembre: terminando la primera (me falta el apartado de crítica de discos), sin empezar la segunda.

  • Revista de Ladinamo números 30 y 31: terminado el 30, sin empezar el 31, que me llegó anteayer para mi felicidad absoluta.

  • Go-Mag de julio: pendiente. La encontré en la tienda y me hizo ilusión verla, no recordaba haberla visto antes en Las Palmas, pero aún no la he podido leer.

  • Vogue de septiembre: pendiente (sí, ya sé que nunca lo he reconocido en el blog, pero la compro todos los años en marzo y septiembre, los números especiales de Colecciones. Qué pasa, es una frivolidad como otra cualquiera que se pueda tener).

  • Trilogía de Millenium: retomando la lectura del tercer volumen después de que me fuera escamoteado durante 10 días. Esto probablemente hará que todo lo demás se aplace.

  • Rompepistas, de Kiko Amat: terminado. Es el otro libro que he leído durante el último mes y debo reconocer que no me entusiasmó precisamente.

  • Discos y canciones por escuchar: una cantidad ingente sin empezar. Pero estamos en el camino.

  • Correo de queja a Amazon: desestimado por falta de tiempo y de cabeza para sentarme a escribirlo.
Creo que más o menos esto es todo. He sido capaz también de contestar a unos cuantos correos electrónicos, lo que me llena de orgullo y satisfacción, aunque aún tengo un par de ellos pendientes. Llamadas telefónicas por hacer, miles, pero me imagino que poco a poco también las iré haciendo.

En fin, estoy en el camino de regreso, aunque sea largo y sinuoso.

25.8.09

cosas que pasan en un mes

Hace poco menos de un mes un semi desconocido me dijo por la calle que necesitaba coger un poco de sol. Yo lo miré y le dije "Ay, yo necesito tantas cosas...". Y es que ser madre está siendo una experiencia preciosa, pero también agotadora. Diego tiene dos meses y ahora es cuando poco a poco tengo la sensación de ir cogiéndole el tranquillo a cuidarlo. También es porque él va creciendo y ya ha pasado de recién nacido a bebé, con todo lo que eso conlleva (ya fija la vista, se ríe, podemos distinguir distintos tipos de llanto para saber lo que quiere...).

Así que aprovechando que Jenaro tenía vacaciones nos armamos de valor y nos fuimos con Diego a la playa. He estado dos semanas sin ordenador, disfrutando del mar y de la piscina, cosas que antes no solía hacer y que ahora me parecen la octava maravilla del mundo.

Ahora estamos otra vez en Las Palmas y yo he vuelto a mi ritmo de tortuga con mis lecturas pendientes de internet. Eso sí, en la playa hice lo que hay que hacer en todo verano que se precie: coger el libro más gordo de la estantería y disfrutar de la lectura con la brisa marina. Este año tocó la serie de Millenium; ya han caído las dos primeras partes y dentro de poco atacaré la tercera.

Entre tanto, en internet han pasado algunas cosas, de lo poco que he podido ver. Por ejemplo:

  • El Google Reader decidió hacerme la puñeta. Se ve que 5.000 elementos sin leer eran demasiados para él y me puso como leídos unos mil y pico que en realidad deberían estar sin marcar. Por suerte me acordaba de la fecha en la que lo había dejado, más o menos, y sigo leyendo desde ahí. Es más complicado, eso sí, y además me siguen quedando 4.000 pendientes. Con decirles que no he leído nada que se haya escrito después del 17 de julio...

  • Descubrí que en el Facebook se pueden ocultar las aplicaciones además de a las personas (cosa que yo ya hacía), y ahora me da igual que la gente se hinche a abrir galletitas de la fortuna o a jugar a no sé qué juegos, que yo no lo veo.

  • El feed de Escolar.net me recordó lo macabra que puede ser la publicidad teledirigida ésta que tanto se lleva en internet. En la entrada sobre la muerte del pequeño Rayan me aparecía un anuncio que decía "¿Quieres ser enfermero?".

  • Felicia cambió su blog, First Up!, y yo no me enteré hasta bastante después, así que me pasé varias semanas pensando en lo raro que era que no actualizara. Cuando descubrí que era yo la que tenía mal el feed sentí bastante alivio: sigue siendo una de mis lecturas preferidas de internet.

  • Jenaro y yo nos volvimos locos entre el lunes y hoy y decidimos hacer un pedido a Amazon que empezó inocentemente por mi parte con dos discos de Hefner y ha acabado por tener 22 CDs. Acabo de enviarlo y no siento ningún remordimiento por este arrebato consumista. La mayoría de ellos, por no decir todos, son carencias antiguas que vamos supliendo poco a poco.

  • Al final sí que puse fotos de Diego en el Facebook y de hecho voy a faltar a mi palabra y ponerlas aquí también, aprovechando esa cuenta de Flickr que no toco desde hace un año. Aquí tienen la galería, en orden cronológico:



Todo esto, que me ha llevado veinte minutos escribirlo, es casi misión imposible en el día a día. Ahora puedo aprovechar un ratito por la noche porque Diego está empezando a dormir de forma más o menos regular, y sé que tengo unas tres horitas hasta que se despierte, con lo que no me importa sacrificar media hora de sueño para hacer otras cosas. Antes era imposible porque a la hora u hora y media ya estaba despertándose. Así que supongo que sí, que las cosas van evolucionando y dentro de poco me tendrán dando la lata por aquí con mayor frecuencia. De todas formas, estos veinte minutos me los he tomado gracias al empujoncito que me dio anhh (quien, por cierto, se ha pasado al Twitter) en su comentario. Muchas gracias, anhh, reconforta que todavía haya gente ahí fuera esperando una actualización de Los Latidos. :-)

Hay algo más que sucedió este mes. No tiene que ver con internet, pero debía haber tenido una entrada en este blog antes de que me fuera a la playa. Empecé a redactarla, pero no fui capaz de terminar.

Hace tres semanas me desperté una mañana con la noticia de una muerte muy triste. De las que queman por dentro. De las que me hacen pensar en palabras como responsabilidad, como evitar, como ayudar, como tarde. De las que me dejan tocada durante muchos días, con poca posibilidad de escape. Todavía no soy capaz de decir mucho más, sólo que ojalá las cosas hubieran sido de otra forma, ojalá la vida hubiera sido de otra forma. Y que lo siento muchísimo, aunque sea demasiado tarde para decirlo.

19.7.09

personal: aterrizando, que es gerundio

Supongo que debería empezar esta entrada recogiendo el guante que me lanzó Jenaro en la anterior y explicando qué se siente al haber parido y tener un precioso bebé al que cuidar, alimentar y querer 24 horas al día. Pero se me da mal hablar de sentimientos y cosas similares, así que voy a obviar el modo sensible y proseguir con esta entrada en el estilo habitual. Y no, no voy a llenar el blog con fotos del niño. Para eso ya está el Facebook.

Vale, es broma, en el Facebook tampoco lo hago.

Diego cumplió ayer un mes. En este tiempo mi vida ha dado el vuelco que cabía esperar y mi tiempo se divide en lo imprescindible, lo secundario y lo demás. Lo imprescindible es todo lo relativo al niño y me requiere casi sin descanso, en cada minuto del día. Es lo que tiene optar por la lactancia materna. Lo secundario es atender algunas cosas del trabajo, lo que hago en los pocos ratos que me deja Diego. Es lo que tiene ser una asalariada y querer seguir siéndolo después de la baja de maternidad. Lo demás es eso, todo lo demás, todas esas cosas que antes suponían una buena parte de mi día a día y que ahora son casi inexistentes. Aficiones y entretenimientos son palabras que ya no existen en mi vocabulario, así que mi conexión con el mundo exterior pende de un finísimo hilo que a veces se rompe y hay que volver a tejer con esmero.

Ese hilo, por ejemplo, es el número 30 de la revista de Ladinamo, que me llegó a los pocos días de volver del hospital y voy leyendo poco a poco. Es tan bueno como los anteriores, y su lectura ha sido como un manjar durante estos días. Sobre todo porque lo demás que leo son libros sobre bebés, y cuando una se permite un respiro, mejor que sea de calidad.

También son mis amigas, o al menos una buena parte, que como yo no podía ir a Madrid, se trajeron aquí la despedida de soltera de una de ellas y de paso aire fresco y muchas risas.

Ese hilo también son los 3.000 elementos que tengo sin leer en el Google Reader, a pesar de la limpia de suscripciones que hice en su día y que sigo haciendo poco a poco. Quizá algún día consiga ir leyendo todo, pero reconozco que tampoco me quita el sueño. Voy leyendo alguna entrada que otra de tanto en tanto y, como ahora vivo en una realidad paralela, tampoco tengo la sensación de estar desincronizada, simplemente las cosas suceden cuando yo las leo. Además, con la sequía que suele traer agosto, no está mal tener cosas guardadas para esos días.

Y también el anuncio de Estrella Damm con la canción de Billie the Vision and the Dancers, de lo que había hablado Manuel en ese estupendo blog que es 360º de Separación cuando yo aún estaba conectada con el mundo exterior. Sin embargo, no vi el anuncio hasta hace poco, y a pesar de haberme pasado muchos días canturreando la canción, no me di cuenta de que se trataba de esa misma hasta hace un par de días, cuando vi un rato los 40TV y aparecía como el número 1 de descargas en España. De nuevo, ese suceso recurrente de un grupo desconocido para las masas cuya canción revoluciona a todo el mundo gracias a la publicidad y luego vuelven al semi ostracismo la temporada siguiente (supongo que para esto último hay excepciones, pero pedirme que haga memoria ahora es como intentar que las televisiones no hablen de la llegada del hombre a la Luna).

Me encantaría decirles: "por favor, resúmanme en un parrafito las cosas que han pasado en el último mes y medio y que crean que no debo perderme". Yo qué sé, grupos, canciones, libros y esas cosas. Pero no se asusten, que no tengo tanto morro y además, no sé si podría leer esos parrafitos. Me da un poco de miedo que se me pasen cosas interesantes por alto, pero luego pienso que en diciembre llegarán los resúmenes del 2009 y entonces me pondré al día tranquilamente.

En fin, que muchísimas gracias a todos por sus felicitaciones y espero que sepan disculparme por no haber aparecido antes ni siquiera para decir esto. Con un poco de suerte podré volver de cuando en cuando por aquí para hablar de las cosas habituales en este blog, aunque algo más desactualizada que de costumbre.

20.6.09

EL FUTURO YA ESTÁ AQUÍ

Buenos días/noches:

Soy Jenaro y Ana me ha pedido que avise a través de su blog que el pasado jueves día 18 de Junio a las 4:58 de la mañana nació Diego.

Tanto Ana como Diego están muy bien y recuperándose en el Hospital Materno Infantil de Las Palmas de Gran Canaria. Yo acabo de salir para dormir, montar el cochito, la minicuna, arreglar un poco la casa, enterarme de cómo se ancla la silla del coche e ir a buscarlos mañana a medio día que es cuando les dan el alta.

Como siempre he envidiado la manera que tiene Ana de expresar lo que piensa y siente en este blog no voy a entretenerme en intentar explicaros lo que sentimos, lo agradecidos que estamos de todos vuestros mensajes, llamadas sin contestar y ánimos, así que voy a dejar que sea ella la que os lo explique con detenimiento uno de estos días.



Como respuesta a una pregunta que se ha repetido en algunos mensajes tengo que deciros que el primer tema que escuchó nuestro hijo fue el tema principal de la banda sonora de Star Wars, pero susurrada por mí, de estudio fue Honey White de Morphine que es el tono de llamada de mi móvil.

Muchos besos

10.5.09

resistir

Queridos lectores de Los Latidos, si es que queda alguno:

No me he muerto ni me han abducido los extraterrestres ni María Teresa Campos disfrazada de lagarterana. No estoy encerrada en ningún hotel del Caribe por si tengo la famosa gripe que cada día bautizan de una forma distinta. No he terminado los nueve meses de embarazo ni (toquemos madera) he parido antes de tiempo, así que aún no soy una madre entregada y alejada de casi cualquier bicho con cables. No he decidido abjurar de internet ni de los ordenadores, por más que empiece a parecerlo sospechosamente. Tampoco he tirado la toalla con el blog, aunque reconozco que he estado a punto.

Durante dos días, mientras le daba vueltas una y otra vez a la cantidad de tiempo que llevaba sin escribir nada, he pensado y repensado si esta entrada debía ser una despedida o un simple cambio de rumbo. Si seguir publicando alguna que otra cosa de vez en cuando, teniendo en cuenta que no podrían ser las entradas largas y llenas de desvaríos que salpicaban el blog de tanto en cuando y que en el fondo eran las que más me gustaba escribir, sino más bien destellos fugaces de probable mediocridad; o bien asumir de una vez que no tengo ni tiempo ni espacio mental para continuar con Los Latidos ahora mismo y dejarlo en un hiato indefinido. Aún ahora, mientras escribo, sigo sin tener claro lo que voy a hacer.

Tengo un mix preparado que será, muy probablemente, el penúltimo del año, así que al menos quedan dos entradas más. El último mix me gustaría que fuera algo especial e intentaré darle forma antes de que terminen las pocas semanas que me quedan ya de embarazo. Nunca pensé que este tiempo se me iba a pasar tan rápido, pero siento que las horas se me escurren entre los dedos. También me gustaría escribir de vez en cuando alguna entrada de las de la serie "Canciones para Diego", y es posible que lo haga. Así que ya ven que no me voy a callar del todo, pero sí tengo que asumir que esto estará más silencioso que de costumbre.

El problema es en parte de dedicación mental, pero también de falta de tiempo. Tengo bastante trabajo, porque tengo que dejar todo preparado para que no se hunda el mundo oficinesco durante mi baja maternal, y mi tiempo libre lo paso haciendo listas de cosas que me faltan, leyendo aún más cosas sobre partos y bebés, yendo a lugares apasionantes como Ikea o Leroy Merlin, ordenando y limpiando lo que puedo y enredando y pululando por la casa mientras Jenaro monta armarios y cunas. Y no me quejo de ninguna de estas cosas, aunque algunas de ellas puedan sonar a tortura china, en realidad estoy disfrutando de casi cada momento y me paso de buen humor la mayor parte del tiempo, cosa no tan habitual en mí.

A aquellos que lean Los Latidos por medio del feed: no lo borren, seguirá habiendo entradas nuevas, aunque será muy de vez en cuando.

A aquellos que abran la página para leerlo: me temo que se encontrarán con el mismo panorama casi siempre que lo hagan, aunque alguna vez que otra habrá pequeñas novedades.

Por lo demás, mi frecuencia de lectura y capacidad de comentar en el resto de los blogs también ha caído hasta casi el subsuelo. De hecho, estoy borrando feeds en el Google Reader, lo nunca visto. Por ahora ha sido una purga amable, pero sé que llegará el momento en que se produzca la hecatombe y borre la mayoría de mis suscripciones. Y si alguna vez llegué a pensar que eso sería diez minutos antes de salir corriendo hacia el hospital, el tiempo me está demostrando que me equivocaba y que será mucho antes de lo que pensaba.

El aspecto de Diego cuando quedan dos meses para que nazca es más o menos éste:

Entenderán que sea difícil pensar en cualquier otra cosa.

Gracias a todos los que han comentado en el blog durante estos años. Han conseguido que escribir en Los Latidos haya sido una de mis actividades más placenteras y un asidero contra la mediocridad y la mezquindad generalizadas. Mi vida de internet siempre ha sido bastante tranquila y satisfactoria, y sobre todo es gracias a ustedes.

Aunque esto no es una despedida, sé que lo parece, pero volveré a dejarme caer por aquí cuando las circunstancias sean más propicias.

Hasta entonces, ya saben, sean buenos: pórtense regular.

15.3.09

personal: derivas musicales

La semana pasada se publicó en discotraxx, un blog muy recomendable, una entrada sobre los editoriales de Santi Carrillo en Rockdelux. Lo leí antes que la revista, pero sabiendo cómo habían sido los editoriales de los dos números anteriores, no me sorprendió en absoluto que alguien acabara publicando una entrada como ésa. Ya en enero habíamos esbozado algunos comentarios en El Ruido de la Calle sobre el mismo tema.

Desde luego, no es la primera vez que hablo en Los Latidos sobre la Rockdelux. Hay bastantes ejemplos de mi relación con la revista, cada vez más contradictoria, en los archivos del blog. Sin embargo, sí es la primera vez que trato de explicar lo que llevo analizando varias semanas, y no es otra cosa que mi progresivo alejamiento de la revista; hasta el punto de que este mes he pensado en ir a mi tienda de prensa a pedirle a Paco que ya no me la guarde más. Sospecho que no soy la única a la que le pasa, de hecho es probable que sea de las pocas lectoras habituales que no han dejado de comprarla.

Hace un mes, cuando terminé de escuchar el segundo volumen de la selección de las mejores canciones internacionales del 2008 según la Rockdelux, se apoderó de mí una sensación de desazón que se ha ido agudizando desde entonces. Lo primero que pensé al terminar de oírlo es que, considerando los dos CDs en conjunto, la mayoría de las canciones eran similares, o al menos respondían a un mismo estilo o patrón. Al escuchar el primero me había parecido que había algunas bastante interesantes. Sin embargo, al terminar el segundo pensé que no había nada nuevo bajo el sol. Luego me pregunté cuántas de ellas correspondían a un determinado universo pop/rock/folk, y cuántas eran de solistas masculinos o grupos con un hombre al frente. Y eran muchas.

Cogí de nuevo la revista de enero y repasé la lista de los mejores discos del año. Muchos de los que yo había considerado como mis preferidos estaban ahí: Vampire Weekend, Silver Jews, The Bug, Flying Lotus,Fuck Buttons, Lindstrom y Lightspeed Champion. Incluso entre los otros hay muchos que me gustan bastante (como el de Portishead), pero que no llegué a poner porque por algún lado tenía que recortar. Y sin embargo, mirando la lista completa de los 50 discos elegidos por la Rockdelux, mi sensación de desazón no mejoraba.

Al comprobar de nuevo la lista con las canciones esta sensación no sólo no mejoraba tampoco, sino que se volvía aún peor. Viva la vida en el número 1... Puedo pensar que nadie tiene la culpa de que a mí no me guste Coldplay, ni de que esa canción en concreto me parezca insípida, pero es que el número 2 me parece también bastante mediocre. Soul on fire está bien, pero ¿la segunda mejor canción del año? Ni de lejos. En el número 5, Blind, de Hercules & Love Affair, sí me parece una buena candidata. Es un pobre consuelo para una lista que, en conjunto, se me antoja triste, como los dos CDs que reúnen algunas de ellas. Ni siquiera la traca final del segundo volumen consigue que me entusiasme por lo que estoy oyendo. Quizá porque a esas alturas ya me había sumido en el desánimo. Quizá no.

Creo que mi sensación global ante estas elecciones es que la revista, de alguna manera, se está quedando atrás. Que la música emocionante y palpitante ahora mismo está en otra parte, no en las páginas que adquiero en mi kiosco mes tras mes. ¿Dónde están, por ejemplo, los remixes? Un simple vistazo a internet ofrece tal cantidad de reversiones e interpretaciones de muchos de los singles que se publican que suponen casi un universo en sí mismos. Para mí es un ejemplo de cómo está mutando la concepción de la música, de cómo las reglas del juego están empezando a cambiar y los formatos y las clasificaciones tradicionales ya no sirven. Y la prensa musical tradicional necesita encontrar la manera de adaptarse a los nuevos tiempos, de encontrar su hueco en un mundo en el que ofrecer información pura y dura, sin valores añadidos, no es suficiente. No desde que la información, cada día más, es en internet donde se encuentra.

Por supuesto, este dilema no atañe sólo a las publicaciones musicales, pero hablar de la prensa en general excede con mucho el tema que intento tratar en esta entrada.

Dicen que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio, y si yo insisto en hablar de la Rockdelux una y otra vez es porque la revista me importa. Desde noviembre de 1994 ha llovido mucho. No he leído todos los números, pero sí bastantes de ellos. Y la diferencia entre lo que supuso para mí el CD que venía de regalo con aquella revista (cuando aún no lo traía todos los meses y se trataba de una ocasión extraordinaria, por el décimo aniversario de la publicación) y lo que supone cualquiera de los que se incluyen ahora es abismal. La escucha del tercer volumen, las mejores canciones nacionales del 2008 según los lectores, fue aún peor. Lo único que pude pensar al terminar es que el disco era un coñazo. ¿Cómo se puede pensar algo así de un recopilatorio que incluye temazos como Suena brillante, Hacia el huracán o Dos policías? Eso es lo que más me llama la atención, como teniendo buen material el conjunto resulta tan aburrido.

¿Qué tiene ahora mismo la Rockdelux, además de un CD de regalo que la mayoría de las veces no me gusta? Editoriales delirantes, crónicas de conciertos a los que no he podido asistir, artículos y entrevistas a grupos de los que muchos no me interesan y de los que sí ya sé mucho más que lo que me ofrece la revista, y críticas de discos. Mucha publicidad también, por supuesto, aunque al menos ya no aparece como marcas de agua en las páginas de los conciertos. ¿Qué me puede interesar de todo esto? A mí, particularmente, las críticas de los discos y los artículos de revisión en profundidad sobre algún grupo o cantante.

En el primer caso, se trata de piezas de opinión, y como tales su valor reside en quién las escribe. En la Rockdelux escriben críticos cuyo criterio respeto y me interesa, al igual que el de algunas de las personas que escriben blogs musicales. En el segundo caso, los artículos de revisión suelen hablar sobre grupos cuya carrera no conozco al completo. Suelen ser interesantes y entretenidos, además de incluir también una visión subjetiva del periodista que lo escribe. Esto último no es malo, al menos para mí. Si quiero conocer la discografía de un grupo no tengo más que abrir la Wikipedia o Allmusic, pero que esa discografía o historia esté desgranada por alguien a quien me guste leer es lo que diferencia una fuente de otra.

Sé que el tipo de música que escucho suele oscilar por temporadas, que va cambiando y que no puedo pretender que los medios se adapten a eso. Y no lo hago. Pero es probable que yo sea sólo una muestra de lo que puede pasar con el público que compra la revista. Ahora mismo, lo más importante es que la Rockdelux me hastía porque ha perdido la capacidad de sorprenderme que tenía antes. Nada de lo que leo me coge desprevenida, al contrario, la mayor parte del contenido me parece previsible y obvio. Que eso me pase con las listas de lo mejor del 2008 es sólo un ejemplo. Que me suceda también con el resto de la revista es lo malo. Y lo peor es que no sea la única a la que le ocurre.

Paradójicamente, aquello de lo que Santi Carrillo se vanagloria en el editorial del número de marzo puede ser visto como un síntoma de estancamiento en lugar de algo por lo que felicitarse. Dice el editorial, tras preguntarse por los artistas que más veces han aparecido en las listas de lo mejor del año de la revista: "Y, sobre todo, a las consecuencias de esa pregunta, que no son otras que demostrar con números la solidez de unas trayectorias contrastadas a lo largo de muchos años y confirmar la línea editorial de la revista al apostar tan insistentemente por según qué nombres". Es probable que La Revista 40, por ejemplo, pueda pasarse todos los años que dure hablando una y otra vez de La Oreja de Van Gogh, y eso no quiere decir que sea algo bueno.

Aún así, no creo que el problema resida únicamente en los artistas de los que se habla en la Rockdelux. Más bien creo que es una cuestión estructural, que la fórmula está agotada para muchos de los lectores que llevamos años siguiendo la revista y que va llegando el momento de que se planteen la necesidad de buscar soluciones para adaptarse a los tiempos que corren. Claro que esto sólo es mi opinión.

24.11.08

personal: the end of the party

Este sábado me despedí del ROOMing con The English Beat y su End of a party. No se me ocurría una canción más apropiada para mi última sesión en el pub que vio nacer y crecer a Ana Deluxe. Ahora ese nombre se quedará en suspenso durante una temporada, porque definitivamente no voy a pinchar más hasta dentro de bastante tiempo. Seguro que esto va a ser bueno para mi esquizofrenia de múltiples personalidades.

Más o menos he estado pinchando durante un año y medio, en cuatro sitios distintos. De todos guardo buen recuerdo, igual que de la experiencia de pinchar en general. Aún así, creo que no lo echaré tanto de menos como podría haber pensado hace unos meses. De alguna manera, he sentido la necesidad de ir progresando en mis objetivos iniciales y en la música que podía poner, y creo que casi había llegado al límite de lo que quería hacer. Supongo que esto podría explicarlo mejor.

En el ROOMing he estado pinchando sobre todo pop y rock, porque es lo más apropiado para el local y porque muy pocas noches hay público que vaya a bailar (cuando sí lo había aprovechaba para poner otras cosas). La gente que pasa por allí no suele llegar de casualidad. Saben a dónde van y que van a escuchar cosas distintas a la oferta habitual. Por lo general, conocían muchas de las cosas que yo pinchaba, y se interesaban por las demás. Con lo cual, resultaba agradable y reconfortante pinchar allí, y me sentía bien por estar contribuyendo a que la gente pudiera encontrar la música que les gusta cuando salían un rato por las noches, pero al mismo tiempo el objetivo de descubrirles cosas nuevas se quedaba un tanto mermado. Sobre todo si tenemos en cuenta que la mayor parte de la música que he estado escuchando y que me ha interesado en los últimos meses está completamente fuera de esa esfera.

En el Mojo, que es las antípodas del ROOMing para esto, tenía que mantener a la gente bailando durante muchas horas. Siete y media (sí, desde las 23:30 hasta las 07:00) este último viernes. Es una paliza y te obliga a cambiar de estilo al menos un par de veces si quieres llegar hasta el final de la noche. Este viernes yo lo planteé al contrario que el anterior, supongo que porque de todo se aprende. En lugar de empezar con rock animado, fui directamente a por la música de baile, más suave al principio y subiendo en intensidad desde poco antes de las dos de la mañana. Hacia las cinco empezé a poner más rock y más o menos aguanté hasta las siete. Funcionó mejor, pero lo más importante es que durante dos o tres horas estuve poniendo exactamente lo que yo quería. Intercalando algunas de las "que no decaiga", claro, pero en general puse el tipo de música que yo hubiera querido oír si hubiera estado en el público.

En general la gente respondió bastante bien. Excepto los tres o cuatro cerrados de mente que seguían insistiendo en que pusiera bakalao (sigo sin entender por qué demonios no van a un sitio de bakalao entonces), el resto del bar estaba bailando y metido en el ambiente. Hubo algo de desconcierto con algún tema, pero antes de que hubiera terminado ya le habían pillado el ritmo, con lo que me doy por satisfecha.

Durante ese rato sonaron: The Bug, Buraka Som Sistema, M.I.A., Beenie Man, Roll Deep, Ragga Twins, Benga & Coki, Kid Cudi, Dizzee Rascal, Wiley, Maskinen, Purple Crush, Yo! Majesty, Amanda Blank, Beastie Boys, Zebda, Underworld, Prodigy, etc...

La primera vez que pinché, en diciembre del 2006, quería poner a Bloc Party y Arcade Fire, por ejemplo. Supongo que a eso me refiero con la evolución que he ido sufriendo durante este tiempo, y es lógico que el único sitio donde no sintiera que me había agotado era en el Mojo, porque allí es donde ponía lo que he estado escuchando últimamente. Pero el Mojo son más de siete horas seguidas pinchando y eso es difícil de aguantar. Más que nada porque para estar a gusto tres horas, estás obligado a rellenar con cosas que no te apetece tanto escuchar durante otro tanto. Aunque el motivo de no volver es que no estoy en condiciones de aguantar tanto rato seguido en un pub (puedo hacerlo, pero no creo que sea muy recomendable), el hecho de que ninguno de los sitios en los que he estado pinchando se ajuste exactamente a mi ideal de una sesión me sirve para no echarlo mucho de menos a partir de ahora.

En general estoy satisfecha con lo que he hecho durante este tiempo, y le agradezco muchísimo a todas las personas que se acercaron a felicitarme alguna vez que lo hayan hecho. Me sirvió para seguir adelante con lo que quería, y estoy contenta porque fueron muchas. Mención aparte merecen los pesados y los borrachos insoportables; a ésos los metía en una balsa y los tiraba a un río lleno de cocodrilos. Por suerte el resto de la gente los compensaba con creces.

El próximo sábado estaré de extra en el pub La Calle, para ese estupendo concierto de los Birkins con sesión posterior de Solo. Pincharé un ratillo, pero ya no lo considero una sesión como tal. A partir de este momento, dejo la cabina y vuelvo a la pista.

Lo único que me gustaría es que algún día alguien se acordara de alguna de mis sesiones y me echara de menos. Eso significaría que lo he conseguido.

PD. Sí hay una canción que ahora, varios días después, me parece tan apropiada como End of a party para haber cerrado mi periplo pinchísitico, pero me alegro de no haberlo pensado en el momento porque hubiera sido duro elegir entre las dos. Es ésta.

18.11.08

tres años de los latidos

Los Latidos cumple hoy tres añitos. Se nos está haciendo mayor. Yo me hago mayor también, claro, porque hoy cumplo 31.

Durante las últimas semanas estuve pensando cómo podía celebrar esta fecha en el blog. Al principio pensé en tratar de terminar la sesión que tenía a medio. Luego estuve pensando en los motivos por los que determinadas canciones nos tocan la fibra sensible y otras no, y hasta qué punto esto tiene que ver con la historia sentimental de cada uno. Entonces pensé en recopilar algunas canciones que siempre me han emocionado sin conexión aparente con ningún suceso de mi vida.

Pero después, la semana pasada, todo explotó en pedazos y los dos aniversarios me parecían cada vez más insignificantes. El vídeo de R.E.M. que puse aquí durante esos días tenía toda la intención del mundo, aunque todavía no podía explicarlo.

Esta canción es la única con la que estoy pasando estos días. Aunque lo que celebre no sea precisamente un cumpleaños, sino algo mucho más importante.

PD. Los Latidos, para bien o para mal, no va a cambiar su emisión habitual. Seguiremos hablando de música, libros y desvaríos sin sentido alguno.

14.11.08

dilemas morales (iii)

Una de las mejores cosas que tiene La Blogotheque es lo bien escritas que están algunas de sus entradas. No solamente bien en el sentido de ser adecuados para internet, es decir, con claridad, concisión y limpieza; sino que además como textos literarios son también dignos de lectura y aprobación.

Hace unos meses leí una crítica preciosa sobre el último disco de Micah P. Hinson que me embelesó de principio a fin, y eso a pesar de no haber escuchado ese disco ni ninguno de los anteriores. Es curioso haberles dado así la razón cuando se dirigían al lector desde el título con este presagio: "Vas a ignorar este disco". El autor se refería, por cierto, al hecho de que en Francia no se distribuyen sus discos.

Hoy han publicado otro artículo que me ha tenido cautivada desde la primera frase, esa maravillosa "Veuillez rendre l'âme à qui elle appartient" (la traducción literal sería algo así como "tenga la bondad de devolver el alma a quien pertenece", pero supongo que en español diríamos otra cosa). El artículo habla sobre la canción con la que han vuelto Noir Désir, y supongo que al decir esto entenderán que el título de esta entrada vuelva a tener que ver con los dilemas morales. No míos, en este caso, sino de la propia Blogotheque.

Al final de la entrada hay dos notas al pie. La primera advierte que los comentarios para esa entrada estarán moderados y que sólo van a publicar aquéllos que tengan que ver únicamente con la música. No recuerdo haber visto nunca alguna advertencia similar en esta página y sospecho que ellos también han decidido superar, obviar o aparcar las reservas morales a la hora de enfrentarse con la música de Noir Désir, pero en el fondo tienen la certeza de que no todo el mundo lo ha hecho.

Si saben algo de francés y les gusta tanto leer en ese idioma como a mí, no se pierdan el artículo. Es una delicia. Y además, incluye una de esas palabras que tienen otros idiomas y yo hecho de menos en español: emmerdant. Siempre me pareció fantástica.

13.11.08

dilemas morales (ii)

¿Se acuerdan de aquellos dilemas morales de los que hablábamos hace unos meses? En esa entrada les decía que me surgían muchas preguntas cuando me enfrentaba a la música de alguien cuyas ideas no me gustaban, o bien cuando había opiniones que me desagradaban profundamente en la letra de las canciones. No es que hoy haya encontrado la solución al problema, pero sí tengo una anécdota que viene al caso.

Hace unos años yo era bastante más rígida que ahora en mi forma de pensar y de actuar. No es que ahora sea un corderito, pero soy capaz de admitir que existen tonalidades entre el blanco y el negro. El caso es que, cuando empezaba a escuchar cosas que se salían de la esfera del rock y el pop, un amigo (hola, Jose) me pasó un disco de los Digable Planets. Era el primero, Reachin' (A new refutation of time and space) y me gustó tanto que lo escuché sin parar durante bastante tiempo. En plena fiebre con el grupo me compré el segundo disco, Blowout Comb, pero nunca llegó a interesarme demasiado, prefería escuchar el anterior aunque sólo lo tuviera en cinta.

Sin embargo, un día me paré a mirar los títulos de las canciones y me encontré con una que me pareció sospechosa. Se llamaba La femme fetal. Intenté escuchar y entender la letra y llegué a la conclusión de que hablaba en contra del derecho de las mujeres a abortar, así que pensé "vaya, qué lástima" y fui dejando poco a poco de lado el disco porque ya no me sentía cómoda escuchándolo.

Hace más o menos un mes me puse a recuperar algunos discos y ése estaba entre ellos. Lo metí en el iPod y lo he estado escuchando bastante estos días, en un extraño ejercicio de nostalgia. Me resulta curioso volver a poner discos que hace más de diez años que no escucho y encontrar parte de mí en ellos, de como era entonces. Después de darle muchas vueltas a lo que había escrito hace unas semanas y al hecho de ser capaz de obviar algunas de mis convicciones para escuchar algunas canciones, decidí que en este caso también podía hacerlo. Y en el fondo me alegró, me pareció bien poder oírlo y disfrutar de las canciones, aunque la verdad es que La femme fetal no la pongo mucho porque es de las que menos me gustan.

Hasta que hace un par de días pensé que debería volver a prestar atención a la letra para comprobar lo que decía. La busqué en Internet, ese invento estupendo que tenemos ahora, y me encontré con que iba en el sentido contrario de lo que yo había entendido hace no sé cuantos años. Me hizo bastante gracia (aunque reconozco que no me sorprendió) descubrir que le había dedicado tan poco tiempo que no había sido capaz de darme cuenta de su verdadera letra. Y lo más curioso es que tampoco me alivió demasiado. Simplemente pensé "ah, qué bien", pero mi impresión sobre el disco siguió siendo la misma. Supongo que en el fondo nunca había cambiado, sólo me había obligado a mí misma a no escucharlo.

Me gustó haber vuelto a hacerlo incluso creyendo que no estaba de acuerdo con la letra de una de sus canciones, pero eso no responde a todas las preguntas que sigo teniendo y que ya comentamos en la entrada anterior. Poco a poco, supongo.

Actualización: revisando mis discos, estoy segura de que no fui yo quien compró el segundo disco de este grupo, sino Jose, pero me lo grabó en CD. Estoy senil ya, o será exceso de discos... y de años.

29.10.08

personal: más prejuicios musicales

Esta mañana me sentía tan valiente que me calcé los zapatos que ven en la foto (aunque un poco más pequeños, el de la foto es un 41) para ir a trabajar. 7 centímetros de tacón y 2 de plataforma, todo charol. Después me miré una y otra vez en los espejos que me iba encontrando y siempre llegaba a la misma conclusión: qué rara me veo vestida de persona mayor, o de persona seria, o de lo que quiera que sea este disfraz de oficina.

Sin embargo, hace tres días me encontré con un grupo de chicos de instituto que dibujaban en una de las calles por las que paso al mediodía y no me dieron envidia. Mi primer pensamiento fue recordar mis propias clases de dibujo y lo bien que lo pasábamos sacando fotos de los "lugares emblemáticos" o los "rincones recoletos" que nos mandaban dibujar. Normalmente, ese pensamiento va seguido por el deseo de volver atrás y vivir de nuevo todos los años que van desde el final de la adolescencia hasta ahora, una fantasía recurrente en mí. Pero esta vez fue distinto. Esta vez sólo pensé "no me gustaría nada tener que volver a pasar por eso". Ni por lo de después. Por primera vez, me di cuenta de que no quería volver atrás.

Y eso a pesar de que es otoño, a pesar de que hace frío en Las Palmas y no para de llover. A pesar de que se ha terminado el verano, mi estación preferida del año, y de que este año hemos tenido que sacar la ropa de invierno un mes antes que de costumbre (normalmente no hace falta hasta el puente de diciembre; yo lo hice este fin de semana). A pesar de que se acerca noviembre y con él mi cumpleaños. A pesar de mis problemas con el paso del tiempo, que se me escurre entre los dedos cada día y me tiene siempre pendiente del minuto que acaba de pasar en lugar del que va a venir. A pesar de todo eso, esta semana me he dado cuenta de que no quiero volver atrás, a ningún atrás.

Quizá eso signifique que estoy alcanzando la madurez por fin. Lo que no deja de ser curioso, teniendo en cuenta que me comporto más como una adolescente que como una persona adulta, y que me siento como un piojo verde cuando me visto como hoy. Tengo la sensación de que en realidad lo que pasa es que he aprendido a no tomarme demasiado en serio a mí misma y eso me ayuda a mirar hacia adelante todo el tiempo. A pensar, como decía Chucho, que lo mejor de nuestras vidas aún está por ocurrir.

Dice probertoj en su crítica del disco de The Week That Was que existe un determinado tipo de oyente que ha perdido la visceralidad y sus gustos se dirigen más al cerebro que al corazón. Aún no he escuchado el disco, pero eso se corresponde bien con el tipo de oyente que el grupo cree que debe tener, tal y como comentábamos el otro día. Mucha seriedad, poca diversión.

La edad es un prejuicio especial, porque la mayor parte de las veces nos lo imponemos nosostros mismos. Muchos otros prejuicios están impuestos por el entorno, por la sociedad. Nos enseñan un molde en el que tenemos que encajar, no sólo nosotros, sino también los demás, y todas nuestras ideas y nuestro comportamiento se supedita a dicho molde de inmediato. A veces hay vuelta atrás. A veces entendemos que no hay molde que valga y aprendemos a ser más libres.

Hace un par de semanas, mientras pinchaba en el ROOMing se acercó un chico y me dijo que no le pegaba nada la música que estaba poniendo conmigo. Que por mi aspecto nunca hubiera podido imaginar que yo escuchaba esa música. Yo me reí y le dije "pues si me ves vestida para ir a la oficina ni te cuento", y traté de no darle importancia, pero me quedé pensando un buen rato. Primero pensé en mi aspecto y que si había algún problema con él. Por suerte, si hay algo que he aprendido en mi vida, con muchísimo esfuerzo, es que el aspecto no importa y que el mío no tiene ningún problema, así que aparté toda la serie de nubarrones negros que se aproximaban a por mí y empecé a hacerme preguntas.

Como por ejemplo: ¿qué tipo de música se supone que escucha una chica vestida con una camiseta lisa, unos vaqueros y unas playeras? ¿Cómo debería vestirme para que se interpretara que escucho la música que me gusta? Más aún, ¿cuál de todos los tipos de música que me gustan? ¿Qué tienen que ver los gustos de una persona con su aspecto físico? ¿Qué tipo de libros creerá la gente que leo cuando me ven pasar por la calle? ¿Por qué se interpreta que determinadas preferencias culturales van necesariamente unidas con una imagen física y otras, no?

Ninguna de estas preguntas me preocupa demasiado, pero me llama la atención que haya personas que sí se plantean las cosas en esos términos. Igual es lo mismo que la música para adolescentes o para adultos, igual existe música para playeras y música para zapatos de tacón. Igual no puedo escuchar lo mismo cuando voy vestida de una forma o de otra, pero yo juraría que sí, que por mis auriculares salen los mismos sonidos.

Cualquier día de estos me hago punki. O algo.

20.10.08

personal: confusión y más ruido

Este sábado, mientras pinchaba en el Paraninfo, ocurrió algo que me tiene preocupada desde entonces. Entiendan, por favor, preocupada como una molestia ligera, del estilo de que te cague una paloma camino de casa cuando llevas una bolsa de la compra en la mano y sólo te manche un poquito la camiseta (sí, eso también me pasó hoy).

Los pongo en antecedentes. Por lo general, la mayoría de las peticiones que recibo mientras pincho caen en el saco de lo absurdo, lo poco apetecible o, en ocasiones, lo delirante. Hay también peticiones recurrentes, que se repiten noche tras noche, en distintos locales. De entre estas, no he visto nada igual a lo de Los Planetas. ¿Saben ustedes la cantidad de fans que tiene ese grupo repartidos por esta ciudad? ¿Y lo pesados que son? No creo que termine nunca de entender por qué tienen ese afán por escucharlos, pero tengo claro que sus canciones deberían ocupar los primeros puestos en el ranking nacional de himnos para borrachos. En el apartado exterior creo que Moby ocupa el primer puesto, seguido de cerca por New Order.

Las peticiones son un asunto con el que resulta difícil lidiar. A veces son más oportunas y a veces menos, pero el problema es que irrumpen en cualquier momento e interrumpen el proceso general, que consiste en exprimir mi capacidad de empatía para intentar llegar a un equilibrio entre lo que yo quiero poner con lo que creo que la gente quiere oír. Son más oportunas cuando parten de alguien que primero escucha y luego pide, porque entonces son acordes con lo que ya está sonando. Son más inoportunas cuando el que pide no se ha parado a escuchar, cuando se cree que puede cambiar por completo el estilo de lo que estás poniendo (éstos son los peores, sin ninguna duda) o cuando está borracho y es majadero.

Hubo un tipo una noche que me estuvo pidiendo Los Planetas durante casi dos horas, en cada canción nueva que ponía, mientras el resto del ROOMing bailaba sin parar. Como no le hacía caso, me lanzaba unas miradas de odio que tenían que haberlas visto. Si no me hubiera tenido tan quemada, me hubiera dado hasta risa. Hubo otro que me pidió una canción de The Cure (sin el título, me dijo "la del ti no ni" y ya; supuse que era Close to me), la puse para que no me diera más la lata y en ese momento se metió en el baño. Cuando salió se emperró en que no se la había puesto y se pasó toda la noche echándomelo en cara, y yo pidiéndole a su amigo que le dijera que ya la había puesto para que me dejara en paz. Esas dos cosas, por cierto, pasaron la misma noche.

Además de que sean más o menos oportunas, el hecho de que acabe poniendo o no algo que me han pedido depende, en primer lugar, de que lo tenga, y en segundo lugar, de cómo me lo pidan. La educación, eso tan simple que nunca está de más, da bastante buen resultado conmigo.

El caso es que este sábado, en el Paraninfo, la gente era bastante más joven que en el resto de los sitios donde he pinchado. Por decirlo claro, es un bar (muy grande, yo pinchaba en una barra pequeña, no en la principal), en el que tienen que pedir el carnet en la puerta para comprobar que los chicos que quieren entrar tienen más de 18 años. La mayoría no tienen más de 20. Supongo que por eso yo esperaba que reaccionaran a la música de forma distinta que el público de los otros sitios, y me llevé una pequeña decepción al ver que en realidad se emocionaban con las mismas dos o tres canciones que todo el resto del mundo. Vale, reconozco que pequeña decepción significa que estuve a punto de darme cabezazos contra la pared mientras gritaba "¿por qué?, ¿por qué?", pero me contuve y me resigné.

Entonces llegó un chico a hablar conmigo. Supongo que tendría alrededor de 20 años. Lo primero que me dijo fue que sí podía poner algo de drum'n'bass. Teniendo en cuenta que lo más inteligente que me habían pedido hasta ese momento era algo de hip hop en español (que no tengo en la maleta, y me dio pena, el chico que me lo pidió había sido educadísimo), creo que lo miré como si fuera un extraterrestre. Le tuve que decir que no por dos razones. La primera, que de lo que yo entiendo por drum'n'bass me gustan muy poquitas cosas y no las suelo llevar encima. La segunda, que tendría que haber sabido si él se refería a lo mismo que yo y me parecía demasiado complicado preguntarle con todo el ruido que había allí. Entonces me dijo que si tenía algo de, por este orden: Uffie, Siriusmo y SebastiAn. Le dije que no y le conté la milonga de que suelo llevar cosas más conocidas porque es lo que puedo pinchar.

Era mentira. Mentira cochina, vamos. Podría haber tenido algo de ellos si me gustaran cualquiera de los tres, pero la verdad es que no me gustan. Creo que sólo Uffie me llamó algo la atención en su día y no lo suficiente. Tengo, sí, cosas que son tan poco conocidas como ellos, y de hecho las pongo. Me paso el rato intercalando las canciones que yo quiero poner, y que están más o menos a ese nivel en cuanto a probabilidad de que las conozca alguien, con las que sí son conocidas y que a mí me hastían un poco, pero me sirven de señuelo. Las llamo "que no decaiga", porque he aprendido que la gente generalmente reacciona mal a una canción cuando la escucha por primera vez, pero que si la pongo entre dos canciones que conocen es probable que la aprecien mejor que si se trata de cosas nuevas todo el tiempo, porque entonces acaban desconectando.

Y me sentí como si le hubiera fallado. Me pidió más o menos lo que yo esperaba que me pidiera un chico de su edad, y eso me devolvió la fe en la humanidad, pero no pude ponerle nada de lo que quería. No se imaginan la rabia que me dio.

Así que llevo desde entonces dándole vueltas a por qué empecé a pinchar o, dado que eso fue una casualidad, más bien a qué pretendía yo conseguir cuando empecé a pinchar, y si lo sigo conservando o lo he perdido en el camino. Y no lo tengo muy claro. Supongo que en algún momento el reconocimiento se volvió más importante que la difusión. Siempre es más agradable ver a la gente contenta con lo que pones, pero no quiero bajo ningún concepto que eso anule mis dos objetivos principales al pinchar... uf, cuatro objetivos principales, pero voy a concentrarme en los que involucran a los demás y no sólo a mí misma.

El primero, conseguir que la gente baile. El segundo, conseguir que escuchen canciones que no se pinchan en los bares de Las Palmas.

Los dos son contradictorios, así que me paso el rato intentando que no sean incompatibles. Y hasta ahora las principales alegrías me las habían proporcionado personas aisladas. No me voy a olvidar de la chica que en el pub La Calle (fue una sesión más de rock) vino a agradecerme que hubiera puesto una canción de The Coral. Sus palabras exactas fueron: "me encanta esta canción, y no la conoce nadie". La entendí muy bien, y me hizo muchísima ilusión verla tan contenta por algo tan sencillo.

Sin embargo, el día que pinché en el Mojo y vi a tanta gente bailando con la música, la satisfacción era diferente. Más estresante, sí, pero puede que más intensa. No mejor, sólo más intensa. Como un subidón de adrenalina. Ese día también fui fiel a mi idea de poner canciones nuevas entre las demás y todo salió bien, pero sé que no puedo esperar que el mismo esquema se repita en otros sitios. No tienen el mismo tamaño ni el mismo público y es el único sitio en el que he pinchado en el que la gente va expresamente a bailar.

Olga, la camarera del Paraninfo, me dijo que había ido gente a decirle que les había gustado mucho mi música. Luego me lo dijo también Iván, el encargado, y que me volverían a llamar. Sin embargo, cuando recogí mis cosas y cogí el taxi para volver a casa, yo sólo iba pensando en lo que me había dicho aquel chico cuando le dije que no podía ponerle nada de lo que quería. Aparte de comentar entre los dos algunos problemas del sonido, sus palabras fueron "no pasa nada, estás pinchando muy bien". Pero yo sabía que era mentira.

14.10.08

personal: se acabó el suplicio

No quiero volver a ver un manual de autoescuela más nunca. Hoy, por fin, aprobé el teórico. Ahora sólo falta que aprenda a conducir.

5.10.08

ana running a marathon

Más o menos así me sentí en muchos momentos de la noche del viernes. Empecé a pinchar en el Mojo a las once y media y terminé a las seis. Todavía me cuesta creer que de verdad fuera capaz de poner música durante tanto rato, seis horas y media sin parar ni un momento.

En realidad no hay tanta diferencia de tiempo con el ROOMing, donde había llegado a pinchar durante unas cinco horas. Pero allí tengo que poner música más tranquila durante la mayor parte de la noche, y el espectro de lo posible (o pinchable) se amplía muchísimo. Ayer el nivel no podía decaer ni un momento y el público era mucho más exigente de lo que podía prever a priori. Reconozco que viví momentos de pánico absoluto por culpa de eso. A la una y media, a las dos y pico y a las cinco me traicionaron los nervios pensando que no iba a tener material suficiente para llegar hasta el final. Y, sin embargo, aguanté, no sé muy bien cómo, pero lo conseguí.

En el Mojo el pincha está en una especie de cabina elevada que se ve nada más entrar y desde todo el local, por lo que estaba expuesta a las miradas y los comentarios de todo el mundo. Y eso significa que durante toda la noche se me estuvo acercando gente para pedirme canciones, felicitarme o criticarme. Les aseguró que escuché las ideas más peregrinas que se puedan imaginar. La mayoría me divirtieron muchísimo, lo reconozco, a veces tenía que aguantarme la risa cuando se iba alguien. Por ejemplo, cuando un chico se pasó un buen rato mirando mis manos a través del cristal y terminó diciéndome que tengo unos dedos preciosos (supongo que fue uno de esos momentos WTF que abundan en internet). O cuando, después de tres horas de tralla electrónica, la sesión más dura que he tenido nunca, llegó otro a decirme que sabía que tenía que ser una mujer la que estaba pinchando. Le pregunté por qué y me dijo que por la música. Según él, era muy femenina. Yo no sé lo que pensarían ustedes si les dicen eso con el Svastika eyes de Primal Scream de fondo, pero a mí me dio la risa.

En el apartado peticiones y críticas hubo de todo, incluso un chico que casi se hace el harakiri delante de mí cuando, al final de la noche, puse un par de versiones españolas, como la de Mi gran noche de Fangoria y Dr. Explosion. El problema es que había mucha gente esperando música española, pero no del tipo de la que yo tengo y pongo en el ROOMing (es decir, quieren a Mano Negra y Los Fabulosos Cadillacs y etc), así que tuve que echar mano de cosas como ésa, con la consiguiente desesperación de los que preferían seguir con la electrónica. Llegó también el temidísimo momento en que vinieron a decirme que pinchara funky. Ahora debería desarrollar este asunto (titulado: Las Palmas y el dichoso funky, o lo que aquí se entiende por eso), pero me da mucha pereza y tampoco creo que valga la pena. Simplemente, es un tipo de música que se pone mucho por aquí, que no es necesariamente funky de verdad y que yo no estaba dispuesta a poner. Tenía incluso amenazas de mis amigos: "ni se te ocurra poner música para hippies de ésa que ponen siempre". Le dije al de la petición que más tarde y seguí a lo mío.

Lo que más se agradece, claro, es cuando viene alguien a felicitarte por alguna canción, o por la sesión en general. Hubo bastantes de ésos, y me animaron muchísimo en los momentos de "dios mío, y ahora qué pongo". Y, sobre todo, es impagable estar allí arriba, levantar la mirada de la mesa o los discos y ver a un montón de gente bailando, el local lleno hasta arriba y todo el mundo levantando los brazos y saltando. Un solo momento de ésos ya valió el esfuerzo y el cansancio de estar allí de pie tantas horas.

También me ayudaron mis amigos, que hicieron piña, vinieron todos y no pararon de bailar y animarme ni un segundo. Incluso los que estaban malos o hechos polvo de cansancio hicieron el esfuerzo de acercarse para apoyarme en el gran debut y contribuir a que todo saliera bien. Y Jenaro, que me acompañó desde el principio y aguantó como un campeón hasta las seis de la mañana. No tengo palabras para expresar lo muchísimo que les agradezco a todos que hayan estado allí.

Al final, todo salió bastante bien, parece que en el Mojo quedaron contentos conmigo y que el mes que viene igual vuelvo a tener un día. Creo que he aprendido mucho rememorando la sesión y que puedo suplir algunos errores y carencias para el próximo día. Y, por encima de todo, lo pasé en grande, así que espero poder repetir.

Estoy contenta.

PD. La imagen es de Laura Smith.