Buenos días/noches:
Soy Jenaro y Ana me ha pedido que avise a través de su blog que el pasado jueves día 18 de Junio a las 4:58 de la mañana nació Diego.
Tanto Ana como Diego están muy bien y recuperándose en el Hospital Materno Infantil de Las Palmas de Gran Canaria. Yo acabo de salir para dormir, montar el cochito, la minicuna, arreglar un poco la casa, enterarme de cómo se ancla la silla del coche e ir a buscarlos mañana a medio día que es cuando les dan el alta.
Como siempre he envidiado la manera que tiene Ana de expresar lo que piensa y siente en este blog no voy a entretenerme en intentar explicaros lo que sentimos, lo agradecidos que estamos de todos vuestros mensajes, llamadas sin contestar y ánimos, así que voy a dejar que sea ella la que os lo explique con detenimiento uno de estos días.

Como respuesta a una pregunta que se ha repetido en algunos mensajes tengo que deciros que el primer tema que escuchó nuestro hijo fue el tema principal de la banda sonora de Star Wars, pero susurrada por mí, de estudio fue Honey White de Morphine que es el tono de llamada de mi móvil.
Muchos besos
Ayer por la tarde, camino del trabajo, escuché a un niño de unos cinco años preguntarle a su madre si Samuel Eto'o existe de verdad.
Lástima que la madre no dominara la metafísica y rompiera la poesía del momento con una respuesta prosaica.
A través del blog de Puño vi este vídeo esta mañana y me dejó impresionada... Ahora lo pongo una y otra vez.
Aquí va el primero de los dos mixes que les prometí al medio despedirme del blog. El generador de sellos sigue sin funcionar, así que de nuevo es un mix sin imagen. Además es cortito y todo pop y rock, parece que este año la idea era ir alternando entre estilos cada dos mixes.
Las canciones:
01 Jeffrey Lewis & The Junkyard - Slogans
02 Jail - New Noise
03 Okkervil River - Pop Lie
04 Sunset Rubdown - Idiot Heart
05 Thee Brandy Hips - Hummingbird
06 Great Northern - Houses
07 Lisa Mitchell - Coin Laundry
08 Akron/Family - River
09 My Morning Jacket - El Caporal
10 The National - Sleep All Summer
En los comentarios de cada una, los blogs donde las vi por primera vez.
En los paritorios del hospital donde voy a dar a luz hay ordenadores en los que puedes poner un CD que lleves tú misma y así escuchar la música que quieras mientras estás allí. Ayer nos estuvimos echando unas risas pensando en la cara que nos pondrían si nos da por escuchar el de los Fuck Buttons.
Hace dos años, el Kalise Gran Canaria jugó la primera ronda de los playoff contra el DKV Joventut, equipo que por aquel entonces entrenaba Aíto. Después de perder los dos primeros partidos, ganar el tercero en Badalona significó un rayito de esperanza para soñar con remontar la eliminatoria.
El cuarto partido, en el CID (o el pabellón, como le decimos aquí), fue de los más intensos y agónicos que recuerdo haber vivido en las cuatro temporadas que llevo siendo abonada del Granca. Cuando, después de mucha vicisitudes, los árbitros pitaron una falta sobre Savané, con el tiempo de partido consumido y el marcador 63 a 65, no sé muy bien a qué santos o deidades se encomendó cada uno de los espectadores que se mordían las uñas en las gradas para pedir que aquellos dos tiros libres se convirtieran en canastas. Savané tiene una forma de tirarlos bastante peculiar, por decirlo de alguna manera, y que deja a uno con el alma en vilo hasta que se descubre si la pelotita decide o no pasar por el aro. Son tiros de velocidad absurda, mínima, como pasados a cámara lenta. Si unimos eso a que uno de los principales problemas del equipo es el penoso porcentaje de acierto en tiros libres, que Savané rompiera la maldición y consiguiera meter los dos y forzar la prórroga fue una suerte de prodigio sobrenatural.
Ganamos en la prórroga y perdimos el quinto partido en casa del Joventut. Una vez más, el Gran Canaria se quedaba sin saber lo que es pasar a las semifinales de los playoff.
Después de una temporada mediocre, la 2007-2008, en la que quedamos novenos, este año por fin volvemos a los playoff. Como ya les conté en una entrada anterior, volvemos a enfrentarnos con Aíto, aunque no es el Joventut, sino el Unicaja, el equipo al que entrena. También nos hemos clasificado en el 6º lugar y ellos, en el 3º. La diferencia es que esta vez la eliminatoria se juega a sólo tres partidos. El que gane dos, pasa a semifinales.
Y ayer, en el Martín Carpena de Málaga, el Granca dio un paso de gigante para conseguirlo. Por primera vez en la historia, vamos por delante en los resultados de cuartos.
El partido fue tenso, ilusionante en algunos momentos y terriblemente desesperante en otros. Todos los jugadores del equipo, sin excepción, pusieron su granito de arena para conseguir la victoria. Desde el momento en que el pitido inicial puso el partido en marcha y más aún después de que Carl English se lesionara al principio del segundo cuarto y los telespectadores nos quedáramos sin aliento pensando en lo que eso podía significar para nosotros, todo el equipo peleó con uñas y dientes para ganar. La mayoría de los jugadores tuvieron momentos flojos y fallos que podrían haber tenido consecuencias terribles. Pero todos, todos, los compensaron con creces, con acciones más o menos espectaculares que consiguieron que el equipo no estuviera nunca fuera de juego.
Cuando quedaban seis décimas de segundo y tras una serie de despropósitos que nos podían haber hecho perder, el partido estaba empatado a 74 y el Unicaja tenía que sacar de fondo para intentar ganar en ese tiempo, escaso para ellos y eterno para nosotros. Entonces llegó de nuevo Savané y le puso a Berni Rodríguez un tapón que nos libró de la canasta y la derrota. Otra vez el senegalés consiguió llevarnos a la prórroga y otra vez el Gran Canaria ganó el partido de manera espectacular en esos cinco minutos de tiempo extra.
Mañana por la tarde, si mi pie me lo permite, estaré en el pabellón junto a otras 5.000 personas para dejarme la garganta intentando animar al equipo, con mi camiseta amarilla y mis palitos. Mañana por la tarde sabremos si el milagro se completa y conseguimos pasar a las semifinales. Igual es que esta vez sí que toca.
Actualización: como ya ha expresado Jenaro en los comentarios, ayer nos volvimos a casa con la frustración de haber perdido OTRA VEZ. Lo malo es que en esta ocasión parecía que teníamos la oportunidad de cambiar la historia de siempre en nuestra mano, pero no hubo manera. Debe ser que no estamos hechos para la épica.
El sur de Gran Canaria es un sitio extraño. Uno de esos lugares en los que el tiempo parece haberse suspendido en algún punto entre 1970 y 1989. Sobre todo en invierno, cuando hay pocos españoles y la media de edad de los residentes temporales es de 65 años. Son casi todos nórdicos y alemanes que llevan muchos años pasando los inviernos en la isla, cuando en sus países arrecia el frío y prefieren volar a sus apartamentos cálidos cerca del mar. Los bares y los restaurantes tienen los nombres y las cartas en sueco o alemán, y en las tiendas se vende ropa que muy bien podrían haber usado los miembros de ABBA en la época del Waterloo. Cuando cae la noche, todos los chonis (así llamamos, o llamábamos en la era pre-televisión, a los guiris) salen a pasear con sus mejores galas y disfrutan de canciones melancólicas de Wham! o Boy George mientras apuran una pinta de cerveza.
Y la radio... Las emisoras de Las Palmas dejan de escucharse a mitad de camino hacia el sur, a la altura del aeropuerto. A partir de ese momento, es territorio comanche. Sobreviven la SER, Radio Nacional y poco más. En el resto del dial, los locutores ingleses y alemanes campan a sus anchas, ofreciendo información local y una selección musical que puede ir desde el country más rancio hasta éxitos recalcitrantes de la música disco de los 80.
Durante varios años, tuve que pasar parte de las navidades estudiando para los exámenes de febrero en ese escenario que se podría calificar de inductor al suicidio. Cuando me cansaba de las cintas de música que hubiera llevado para alimentar mi walkman y con él mis oídos, cambiaba a la radio y trataba de encontrar alguna emisora en la que los locutores hablaran poco y pusieran mucha música ininterrumpida. Normalmente encontraba alguna que otra con relativa facilidad, pero el contento duraba poco porque a determinadas horas del día empezaban los boletines de noticias en alemán o los programas de participación en los que se sucedían las llamadas de los alegres jubilados para contar cualquiera sabe qué trepidantes peripecias de su vida en aquellas playas. Aún así, lo malo no era lo poco que duraban los sucedáneos de hilo musical en esas emisoras, sino las canciones que los conformaban, a cuál más terrorífica.
Pronto descubrí que se trataba de discos variados ya grabados, y que las canciones se repetían en el mismo orden cada cierto tiempo. Por eso, cuando escuché por primera vez Needles and pins y me pareció que acababa de encontrar una pepita de oro en dos kilómetros cuadrados de desierto, acabé enganchándome aún más a aquella emisora alemana, escuchándola durante varias horas al día sólo esperando el momento en que volviera a sonar. No sabía de quién era la canción, Internet no existía tal y como lo conocemos ahora y no tenía fuentes de información a mi alcance para averiguar algún dato sobre ella.
Pasó mucho tiempo hasta que escuché, en Madrid, la versión de Needles and pins que hicieron los Ramones, y que ahora me parece que quizá sea la más famosa de todas. Fue Jorge Albi quien la puso en su bar y quién me dio alguna pista sobre la versión que estaba buscando. Al cabo de unos meses, me había comprado un recopilatorio bastante baratito de los Searchers en Madrid Rock y escuchaba la canción sin cansarme no sé ni cuántas veces al día.
Compuesta por Jack Nitzche y Sonny Bono, la versión original la cantó en 1963 Jackie De Shannon. Es bonita, pero no llega a provocarme ni un simple escalofrío. La versión de los Searchers, ésa que tanto me gusta, llegó en 1964. La de los Ramones, en 1978.
No sé explicar por qué esta canción me gusta tanto y otras similares, no. Supongo que en realidad parte de la magia de la música pop reside en eso, en el pequeño click que a veces salta en el cerebro cuando escuchas una determinada melodía, una voz que te susurra una palabra, tres notas que se desencadenan como por casualidad. Siempre he pensado que esto mismo le pasa a todo el mundo, que hay alguna canción añeja que le remueve las entrañas sin saber muy bien por qué. A veces creo que son sólo imaginaciones mías y que estas querencias inexplicables no son tan habituales, pero entonces recuerdo que estamos hablando de música y todo vuelve a empezar.