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1.3.10

libros: fin

Un poco decepcionante, les digo ya de entrada.

Le hinqué el diente el sábado, creo, y al día siguiente ya lo había terminado. Es muy entretenido, engancha casi desde el principio (el primer capítulo es uno de sus puntos flojos y podría mejorarse, en mi opinión, pero a partir del segundo la cosa ya marcha) y está muy bien escrito. Y sin embargo...

La historia podría haberse desarrollado un poco mejor, habérsele dado más enjundia, terminar de definir a alguno de los protagonistas, que quedan un poco desdibujados, y, sobre todo, darle un poco de sentido. Terminé el libro y lo único que pensé fue "pues vale". Cuando uno me sumerjo completamente en un libro durante dos días, espero que la historia me deje alguna pequeña huella, y no que parezca que no ha pasado por mí.

Por cierto, y de terror, nada, por si acaso leen eso por ahí.

En Criaturas de la noche exponen mucho mejor que yo los defectos de la novela, así que les enlazo su crítica, que describe justo lo que yo pienso. Y, sobre todo, me quedo con esta frase:

Fin es una obra precipitada en la que no se ha invertido todo el trabajo previo de maduración que debiera garantizarle arribar a buen puerto.

Es una lástima.

11.11.09

www: en algún momento tenía que decírtelo

Desde hace un par de meses tenemos el lujo de que Isa (Isabel Cañelles) haya decidido reabrir un blog en el que va desgranando anécdotas de su día a día, trozos de la novela que ha estado escribiendo durante el último año y, capítulo a capítulo, el libro La construcción del personaje literario, un tesoro imprescindible para todo estudiante de escritura creativa.

A ver si me pongo a ordenar los enlaces de Los Latidos, que ya son muchos los que se me están escapando, pero por lo pronto, que quede constancia de esta buena noticia.

27.4.09

libros: la fórmula preferida del profesor

Creo que nunca había leído a un autor japonés. Soy poco proclive a dejarme llevar por las modas en lo que a literatura se refiere, y también reconozco que las manifestaciones culturales del Lejano Oriente siempre me han llamado poco la atención. Además, más o menos había desterrado de mis lecturas todo lo que intentara mezclar matemáticas y novela.

Sin embargo, sí hago caso a las recomendaciones de mis amigos, y eso fue lo que pasó con este libro, que Cristina me lo recomendó en Navidades cuando pedí consejo sobre mis posibles futuras lecturas. Y como luego llegó en forma de regalo inesperado, antes de que pudiera ponerlo en mi lista de peticiones, me pareció que lo más apropiado era leerlo cuanto antes (sí, cuanto antes ha sido abril, qué le vamos a hacer, es un plazo razonable si tenemos en cuenta la cantidad de libros que llevan años, ¡lustros!, esperando en mis estanterías el momento propicio para que los lea).

Reconozco que al principio me costó un poco adaptarme al lenguaje que emplea Yoko Ogawa. No tenía claro si era por la mezcla con las matemáticas, por un problema de traducción o por mi falta de experiencia leyendo a autores japoneses. Después, poco antes de llegar a la mitad del libro, le fui cogiendo el gusto a la forma en que estaba narrada la historia y terminé con bastante buena impresión.

La primera mitad se lee casi de un tirón. Sin embargo, mediado el libro, los acontecimientos se precipitan (por muy extraño o irónico que parezca emplear esa expresión en este contexto) y la lectura se hace más pausada, requiere más tiempo, más dedicación. Al menos eso fue lo que me pasó a mí. Es una pequeña historia, bonita y triste, en la que lo más importante son las relaciones humanas, tanto las explícitas como las insinuadas, entre los personajes. Sin embargo, también habla de las relaciones de algunas personas con las matemáticas y de cómo la percepción de los números y sus características va cambiando gradualmente a medida que se les presta atención de una manera más lúdica que académica. Por suerte, esa vertiente de la historia no empaña la calidad literaria del libro, cosa que sucede demasiado a menudo con los libros que mezclan ciencia y literatura.

La fórmula preferida del profesor me dejó bastante buen sabor de boca, así que ya puedo leer más libros de japoneses (como por ejemplo, éste, que me espera desde el día del libro del año pasado) sin mucho miedo.

PD. En otro orden de cosas, ayer emprendí la lectura de mi primer Foster Wallace. Después del primer relato, apagué la luz y me dormí pensando que los libros se dividen en historias sobre personas taradas e historias sobre personas normales a las que les pasan cosas de tarados. A ver cómo me las apaño ahora para conseguir todos sus demás libros.

23.4.09

libros: balonesto, vida más allá del best-seller y 23 de abril

Víctor Sada recomienda a Chuck Palahniuk y Sitapha Savané, a Naomi Klein. Es reconfortante encontrar algo así entre los Coelho, Grisham y Ruiz Zafón.

Feliz día del libro a todos. Mi libro de este año es de cosas de mujeres, así que les dejo sólo la foto del que le ha caído a Jenaro.

16.4.09

libros: el ladrón de chicles

Bastante decepcionante.

Después de jPod, que me había gustado bastante, o al menos lo suficiente como para querer leer más libros de Coupland, El ladrón de chicles me ha parecido un libro entretenido, pero nada más. Da la sensación de que podría haber sido una buena historia si se hubiera desarrollado con más profundidad, pero que se queda en la superficie, en la anécdota.

Lástima.

PD. Tengo otros dos libros a medio, uno que terminaré pronto y reseñaré y otro que me está costando horrores terminar, seguramente porque leer en francés no es tan fácil cuando es un libro actual lleno de argot por todas partes.

24.3.09

libros: l'écume des jours

Tengo un amigo con el que hace varios años que no hablo. No es un amigo cualquiera, probablemente es uno de los que más quiero y aprecio. Y no es que no hablemos porque tengamos ningún problema, en absoluto; simplemente, él vive en Madrid y yo en Las Palmas y a mí se me da muy mal mantener al día mis amistades. Es uno de mis principales defectos, lo mala que soy para las relaciones con los demás. Quiero muchísimo a la gente que quiero, pero me resulta muy difícil demostrarlo y más aún mantener esas relaciones afectivas al día.

Sin embargo, me acuerdo mucho de las personas. Cada cierto tiempo, uno de esos amigos a los que no veo y con los que no hablo en años se me viene a la cabeza y me paso el día pensando qué estará siendo de su vida, si le irá bien y si será feliz. Entonces hago cosas como buscar su dirección de correo electrónico en mi ordenador o poner su nombre en Facebook. ¡Guau, qué esfuerzo! Sí, ya sé, no me digan nada. No hay muchas personas con las que me pase esto, en realidad creo que sólo son dos, el amigo del que les hablo y una amiga de la que hace fácilmente seis o siete años que no sé nada. En ese caso es peor porque no tengo ningún medio para contactar con ella, ni siquiera su teléfono. Es una de las consecuencias de que te roben el móvil y tu único contacto con alguien sea ese número almacenado en la memoria del aparato.

El caso es que mi amigo me ayudó muchísimo cuando yo estaba saliendo de una época difícil de mi vida y siempre recuerdo con cariño los días que pasamos juntos peleándonos con nuestros respectivos proyectos de fin de carrera, nuestros intentos de conseguir trabajo por primera vez y nuestras relaciones de pareja que entonces empezaban (cada uno con la suya) y que a día de hoy se mantienen, creo que ambas.

Por aquel entonces él estaba pasando por una etapa existencialista. Leía a Sartre, a Camus y no sé cuántos otros escritores más por el estilo. Yo me reía y le decía que iba a acabar fatal de la cabeza si seguía leyendo sólo aquellos libros. Fue entonces cuando le grabé el famoso recopilatorio “Música para que dejes de escuchar mierda” en una cinta TDK de 90, y le regalé Los detectives salvajes con una dedicatoria similar. Unos cuantos años más tarde, cuando me despedí de Madrid en una noche mítica en el Palentino, él me regaló La espuma de los días. Yo lo tenía en francés en casa, sin leer, pero no le dije nada. No es el primer libro que ocupa un hueco en dos idiomas en la librería de casa, ni será el último. Sin embargo, no lo leí hasta que estuve instalada en Las Palmas unos meses después.

Y hoy, mientras leía esta entrada en Libro de notas, me di cuenta de lo mucho que ese libro se había quedado impregnado en mí. Como esas películas que terminas de procesar un tiempo después de haberlas visto, las imágenes y las sensaciones que transmite L'écume des jours parecen ahora más vivas que nunca en mi recuerdo. Durante la lectura pasé por momentos de incomprensión absoluta con los personajes, hasta que terminé por entrar en el universo de Boris Vian y rendirme ante todas y cada una de sus páginas; y creo que es ahora cuando de alguna manera va tomando forma en mi cabeza.

Lo curioso es que, cuando intento analizar los recuerdos que tengo del libro, aparecen siempre en primer lugar los más felices. Las páginas llenas de paseos por las calles de París, la casa luminosa y grande, las fiestas, el primer encuentro de Colin y Chloé, la música de jazz y, por supuesto, el pianocktail. Tengo que hacer un esfuerzo para recordar la decadencia progresiva en la que se van sumiendo los personajes, la tristeza y la incomprensión que van atrapando la historia, los despropósitos, la oscuridad, la casa que mengua y se oscurece cada vez más...

No es mi intención hacer una reseña del libro, sólo explicar que hoy me he dado cuenta de que tengo que volver a leerlo. Las buenas historias, aquellas que perduran en uno y con los años se hacen reclamar, pidiendo una parcela de atención y de relectura, no son abundantes. Durante mi vida he regalado muchos libros, pero muy pocos sin tener de por medio una excusa como un cumpleaños o unos Reyes Magos. Esos pocos escogidos siempre los había leído antes y ocupaban uno de esos lugares de privilegio en mi corazón. Hoy he añadido uno más y me reconforta pensar que es un libro que a mí también me habían regalado.

PD. Tengo más amigos, claro, y me las apaño para mantener el contacto con ellos, pero en buena parte es gracias a Jenaro, que sí es atento y considerado para esas cosas y no como yo, que soy una salvaje. Qué le vamos a hacer.

16.2.09

libros: homo sampler

Ayer por la noche terminé de leer Homo Sampler. Me ha costado muchísmo poder terminarlo, aunque más que por defecto del libro haya sido por mis circunstancias mentales. Desde hace un par de meses me resulta muy difícil concentrarme, por no hablar de componer pensamientos elaborados; es uno de tantos secretos del embarazo que no descubres hasta que no te pasa. Así pues, ténganlo en cuenta a la hora de leer estas líneas.

Lo que no se puede negar es que Homo Sampler es un libro denso. Muy denso. Está dividido en tres partes: la primera trata de la reinterpretación de lo primitivo en la sociedad moderna; la segunda es un estudio de la concepción del tiempo en la era afterpop y la tercera, un análisis de la cultura basura y sus fronteras o sus conexiones con la cultura más elitista. En todas ellas, el autor emplea un sinfín de referencias culturales de lo más diverso para ilustrar todas las teorías que presenta. Al igual que en Afterpop, algunas de estas referencias ya las conocía y otras no. Y, también al igual que en dicho libro, algunos de los ejemplos son más sencillos de entender y digerir y otros, menos.

Por supuesto, todos los conceptos presentados son interesantes. Quizá sea más sencillo ilustrarlo con un ejemplo, y creo que uno muy bueno es este extracto que pueden leer en Barcelona Review, aunque reconozco que fuera del contexto del libro pierde fluidez de lectura. Tienen otro ejemplo en el blog No Recomendable, donde también hay una crítica en condiciones del libro y no unas líneas deslavazadas como éstas.

Lo único en lo que no estoy de acuerdo con la crítica de Raúl Sensato, el autor de No Recomendable, es en que este libro sea mejor que Afterpop. Yo no soy capaz de verlo de manera independiente al otro; creo que es un complemento para el que se hace casi imprescindible haber leído Afterpop primero. Es cierto que es más amplio y más profundo, pero quizá su densidad impide que esas virtudes puedan disfrutarse en condiciones. Es posible, sin embargo, que simplemente sea necesaria una segunda lectura más pausada para terminar de entender todos los recovecos del libro, o igual sea suficiente con tener la mente más despejada de lo que yo la he tenido al leerlo. En cualquier caso, el libro es tan bueno como su predecesor.

9.12.08

libros: y como este año he sido muy buena...

Estoy intentando terminar mi carta de este año para los Reyes Magos, y la sección libros me tiene por la calle de la amargura. Es probable que la sección discos se quede vacía por lo difícil que les resultaría a los Reyes y a sus pajes conseguir los que quiero (cada año sucede lo mismo, no quiero ninguno de los que se podrían comprar en las tiendas de Las Palmas). La sección libros, sin embargo, no puede quedar estéril, por diversos motivos, pero ahora mismo sólo tiene un candidato firme: El ladrón de chicles, de Douglas Coupland.

El otro candidato era Operación masacre, de Rodolfo Walsh, pero al final me ha podido el sentido común y no voy a pedir un libro que no podré leer sin tener pesadillas. Este año soy como esos espectadores que se niegan a ir al cine a llorar.

El caso es que entre los libros que tengo pendientes de leer y que me gustaría atacar en breve está uno de David Foster Wallace, pero he estado dándole vueltas a si debería empezar por ése o por cualquier otro de los suyos (aún no lo he leído nunca, qué le vamos a hacer).

Así pues, estimados todos, mis preguntas de hoy para ustedes se dividen en dos.
a) ¿Debería empezar por otro libro de David Foster Wallace?
b) ¿Han leído algo últimamente que consideren megafantástico y digno de que lo incluya entre mis peticiones? Mejor si son novelas, pero aceptaré sugerencias de cualquier tipo.

27.10.08

libros: una puta recorre europa

Dicen que sólo pueden decepcionarte aquéllos que te importan, o a los que aprecias o valoras. Lo que no te toca no puede hacerte daño. Por eso me resulta inevitable usar la palabra decepción al hablar de este libro, no porque no me haya gustado, sino porque podría haber sido mucho más de lo que es.

Lo que es: un libro entretenido y valiente que se lee de una sentada.

Lo que podría haber sido: una novela policiaca de cuatrocientas páginas que me hubiera dejado sin aliento.

¿Cómo? Con tiempo, claro. Con los mismos personajes, desarrollados en profundidad en lugar de simplemente esbozados (porque así, además, parecen un tanto ingenuos y tópicos), y la misma historia, contada con detalle y morosidad en lugar de despacharla de esta manera tan breve.

Una puta recorre Europa abre la puerta de uno de esos cuartos en los que nadie quiere entrar, esos que todo el mundo conoce y muchos tienen en su casa, pero los tratan como si no estuvieran, sin nombrarlos, o como si fueran inevitables. Es casi una utopía que alguien trate la prostitución como se hace en este libro, ahora que la ideología está en proceso de desaparecer de este mundo absurdo. Por eso me da rabia que el libro sea tan leve, que no aproveche su tremendo potencial, que se vaya a quedar como una novelita en mi estantería en lugar de lo que podría haber sido.

Lástima.

21.10.08

libros: el poder de las tinieblas (y iv)

Si hay un sentimiento que debe impregnar las páginas de una buena novela policiaca, ése es sin duda la nostalgia. Todo detective que se precie la lleva consigo, en ocasiones manteniéndola a raya; en ocasiones viéndose imbuido por ella hasta extremos insorportables.

La nostalgia es el recuerdo de un tiempo en el que tenían motivos para ser felices, en el que aún no habían descubierto el horror, la degradación y la angustia. Es el nexo de unión entre el pasado y el presente, pero también la losa que les impide pensar en un futuro y los inhabilita para una vida normal.

Charlie Parker, Bird, tiene motivos de sobra para echar de menos los días del pasado. Todos los lectores de este libro (y del anterior) los conocemos, y quizá sea ésa la principal diferencia con las novelas policiacas clásicas, en las que los protagonistas son más herméticos y misteriosos y de los que el pasado siempre es más insinuado que conocido o explicado. El poder de las tinieblas es, igual que Todo lo que muere, una novela de corte clásico, pero moderna, y quizá de ahí se deriven las principales diferencias con las escritas hace varias décadas. Es posible que sea el poder de la televisión, que ha modificado nuestra visión del mundo de una manera que resulta difícil descubrir, por asumida, pero que existe y se hace patente cuando uno decide efectuar una simple comparación.

También era nostalgia lo que destilaban las páginas de los libros de Raymond Chandler y de Dashiell Hammet, entre tantos otros, cuando los leía. Hace muchos años de eso y yo era demasiado joven como para entenderlo. Pero hoy, pasado el tiempo, sé muy bien cuándo un autor la maneja, y creo que en esto John Connolly es un maestro. Le perdono otros errores sólo por eso.

Da igual cuánto frío haga en el libro y si aquí es verano o primavera. Al pasar las páginas de una novela como ésta, siempre es otoño en el corazón.

15.10.08

libros: el poder de las tinieblas (iii)

De Portland a Bangor hay doscientos kilómetros por la I-95. Durante el viaje, Ángel inspeccionó con impaciencia mi colección de cintas de casete, escuchando una o dos canciones de cada cinta y tirándola al asiento de atrás. Los Go-Betweens, los Triffids, los Gourds Out of Austin, Jim White, Doc Watson, todos acabaron en el montón, hasta que el coche empezó a parecer la pesadilla de un hombre de la industria discográfica. Puso una cinta de Lambchop y los suaves y tristes acordes de I will drive slowly inundaron el coche.
- ¿Tú qué dirías que es esto? - preguntó Ángel.
- Country alternativo - contesté.
- Eso es cuando tu camión arranca, tu mujer regresa y tu perro resucita - comentó con sorna.
- Si Willie Nelson te oyera hablar así, te daría unos azotes en el trasero.
- ¿Es el mismo Willie Nelson al que una vez su mujer envolvió y ató con una sábana y luego lo dejó inconsciente a golpes de escoba? Si ese tarado viene a por mí, te aseguro que podré arreglármelas solo.
Finalmente nos conformamos con un debate sobre las noticias locales en la PBS.
John Connolly.

14.10.08

libros: el poder de las tinieblas (ii)

El más alto me empujó en dirección al coche, un BMW Serie Siete plateado, que se acercó a nosotros y giró a la derecha a la vez que se abría la puerta trasera. Dentro había otro apuesto demonio con el pelo color castaño y corto y un arma apoyada en el muslo. El conductor, más joven que los demás, hacía pompas con un chicle y escuchaba una emisora de rock por la radio. Cuando entré en el coche, empezó a sonar la voz de Bryan Adams cantando el tema Don Juan de Marco.
- ¿Sería posible cambiar de emisora? - pregunté al arrancar.
A mi lado, el del labio leporino me hincó con fuerza el cañón de su pistola.
- Me gusta esa canción - declaró, y tarareó por un momento -. No tienes sensibilidad.
Lo miré. Creo que hablaba en serio.
John Connolly.

PD. He recuperado mi tiempo de lectura. :-)

6.10.08

libros: el poder de las tinieblas

Sentado junto a él en un taburete alto, el agente especial Rob Briscoe pensaba que, con esa gorra de alpaca, Nutley parecía un pastor de llamas, o el cantante del grupo Spin Doctors.
John Connolly.

Una de las cosas que más me llaman la atención de las novelas de John Connolly es que, mientras las leo, me paso todo el tiempo creyendo que se desarrollan en algún momento indefinido entre 1950 y 1970, hasta que aparece una frase como la que he copiado aquí y me doy cuenta de que en realidad me está hablando de después de 1990.

No he terminado aún El poder de las tinieblas, así que es probable que vuelva a hablar de ella otro día. Lo importante es que estoy recuperando mi tiempo de lectura, peleando contra esa masa enorme llamada obligaciones y consiguiendo arrebatarles un ratito al día. Poco a poco.

2.10.08

libros: un pistoletazo en medio de un concierto

Para los dueños del discurso sería más cómodo si yo afirmara que no me importa el mundo de la novela del siglo XX. Podría decir: esas novelas no hablan de mí, ni hablan de quienes son como yo, y las pocas veces que lo hacen no hablan de nosotros, sino de tipos increíbles como Ira Ringold. Podría decir eso y luego marcharme con la música a otra parte. El problema es que no puedo irme con la música a otra parte porque ellos tienen la música. Tienen el discurso. Tienen los jardines.
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Tendría que contestar a una pregunta: ¿por qué tratan las novelas del siglo XX de lo que tratan? Mi respuesta es que la verosimilitud ha sido secuestrada por los dueños del discurso dominante. Y demasiadas veces hemos caído en su trampa. Hemos creído que para construir nuestra visión bastaba con leer y escribir historias que no repitiesen lo que dicen ellos, pero que fuesen creíbles según un parámetro, la verosimilitud, que imaginábamos hasta cierto punto imparcial u objetivo. Así es como la experiencia se ha ido ausentando de la novela, no por inexistente, sino por increíble.
Belén Gopegui.

Un libro, por encima de todo (y ese todo es mucho), necesario.

17.9.08

libros: la prensa y el hastío

No, no es el título de un libro. Es lo que me produjo la lectura del último Babelia, que no sé muy bien por qué sigo leyendo y tratando de encontrar algo interesante en sus páginas.

Este fin de semana, al ver la portada, pensé que el artículo sobre autoficción podía ser interesante. Error. Error. Nada más empezar a leerlo, llego a la enumeración de los autores que según ellos se han dedicado a la autoficción recientemente y me encuentro con: Enrique Vila-Matas, Esther Tusquets, Cristina Grande, Julián Rodríguez, Gonzalo Hidalgo Bayal, Ray Loriga, Cristina Fernández-Cubas, Marcos Giralt Torrente, Juan Marsé y Javier Marías.

Quitemos a Julián Rodríguez y lo que nos queda son los mismos autores de siempre en las páginas de este suplemento. Si alguien leyera sólo el Babelia se creería que la literatura en España es un cotarro diminuto poblado por no más de diez autores que, pobres, escriben sin parar. Si todavía me gustara lo que escribe actualmente alguno de ellos, cosa harto difícil porque la calidad de sus textos ha ido bajando a medida que su nombre iba apareciendo en las páginas de este periódico una y otra vez, aún así acabaría aborreciéndolos.

Basta. Ya está bien de hablar siempre de los mismos. Hay miles de autores ahí afuera, con hermosos libros publicados, esperando que alguien les dedique una línea miserable. Y me consta que en otros suplementos sí lo hacen, aunque sea de vez en cuando.

Mierda de capitalismo y de intereses editoriales (o cinematográficos).

PD. Para rematar estas lindas palabras, les diré que hoy obtuve respuesta para la pregunta que me lleva rondando la cabeza desde que vi que la Sexta se hinchaba a poner partidos de fútbol de la liga este fin de semana. ¿Cuándo va a empezar El País a darle palos al Gobierno? Ah, pues hace un momentito ésta era la segunda noticia más importante en la web del periódico. Por si quedaban dudas.

9.6.08

dossier: mutantes, javier fernández

Recupero el dossier sobre Mutantes con pocas ganas de andarme con pelos en la lengua. A estas alturas, mi opinión sobre esta antología se debate entre el cabreo y la resignación. Terminaré el dossier porque de vez en cuando padezco de perseverancia, pero lo haré para hablar sólo de aquellos autores que considere imprescindible reseñar.

Explicaré, antes de ceñirme al autor del título, que mi decepción se debe en parte a la poca calidad de muchas de las aportaciones, pero también al hecho de que muchas de ellas sean refritos o extractos de relatos y novelas. ¿Tan difícil era elegir autores jóvenes, de calidad y con relatos que tuvieran entidad por sí mismos? Estoy segura de que no, aunque sólo sea porque conozco a muchos de ellos. Y todos valen muchísimo la pena. Lo cual me lleva de nuevo a mis amargas reflexiones sobre los que se llevan la fama y los que cardan la lana, pero me las guardaré para mí misma. Quizá sea sólo una cuestión de modernidad. O de postmodernidad. Mejor lo dejo aquí.

La aportación de Javier Fernández, uno de los autores de los que más elogios había leído antes de empezar con Mutantes, consiste en algunos extractos de su novela Cero absoluto, aunque tal y como se ha titulado, igual que la novela, uno creería que es un relato independiente. Sólo leyendo la pequeña biografía incluída al final del libro (y muchas páginas web, para qué engañarnos) se puede llegar a la conclusión de que en realidad no es así. Si tengo en cuenta su calidad de fragmento, diré que Cero absoluto es una novela que voy a buscar, comprar y leer, porque creo que puede valer mucho la pena. Pero, dado que en el libro se presenta como si fuera un relato con entidad propia, lo trataré como tal en esta crítica.

Y diré que el principal inconveniente que le veía como relato era el no ser lo suficientemente exhaustivo o incisivo en su desarrollo. Es decir, yo sentía que el autor podía llegar aún más lejos en su análisis y descripción de una situación delirante, pero no tan alejada de la realidad como a priori pueda parecer. Una vez que comprendí a qué se debía esta apreciación mía, la novela me inspira aún más curiosidad para saber hasta dónde se pueden llevar los límites del argumento establecido.

Cero absoluto cuenta, a través de supuestas noticias extraídas de periódicos, cómo se desarrolla, comercializa e implanta un sistema para controlar el cerebro mediante software. Y también las consecuencias de este proceso.

El ZERO D-19, que está aún en fase experimental, es una tecnología semiorgánica, compuesta por un pequeño descodificador inalámbrico del tamaño de una lenteja que, alojado cerca del hipotálamo, se comunica mediante ondas electromagnéticas con un aparato emisor-receptor del tamaño de un ordenador portátil. El aparato está dotado con un potente procesador capaz no sólo de interpretar las señales eléctricas del cerebro y traducirlas a términos informáticos, sino también de realizar el proceso contrario; es decir, introducir el software informático directamente en el cerebro.
El lenguaje aséptico utilizado, propio de la prensa, podría cumplir la función de distanciarnos de lo que se nos está contando o bien obligarnos a prestar más atención para no obviar detalles que nos harían perder el hilo de la historia. En cualquier caso, la reflexión posterior a la lectura es inevitable.

En este relato se nos presenta una de las mejores maneras de conseguir tener a la población controlada con su consentimiento: envolverlo para regalo y vendérselo. Pero no es la única, como también aquí se esboza. No hay más que apelar a la seguridad de los ciudadanos para que se consientan toda clase de atropellos e invasiones de la privacidad. Tienen ejemplos aquí, aquí, aquí, aquí y aquí. Y la gente, tan contenta. Fuera de internet, no tienen más que utilizar el metro de Madrid o darse una vuelta por las salas de embarque del aeropuerto de Barajas. Televisiones con un volumen atroz obligan a los pasajeros a oír las noticias que se les quieren dar de la forma en que se les quieren dar. Uno puede cerrar los ojos cuando no quiere ver algo. Pero cerrar los oídos es más complicado. Hacer que los otros no nos miren, también.

La foto es un bonito recuerdo que nos trajimos de Barcelona. Ya que ellos se quedan con nuestra imagen...

Lo curioso es que me obsesiona desde hace un tiempo, hasta el punto de desarrollar una auténtica fobia a los turistas que veo pasear por Las Palmas cámara en mano, el hecho de acabar retratada o grabada en fotos y películas de desconocidos en mi tránsito habitual por las calles. Cada día es más difícil caminar sin encontrar un objetivo con el que una se pueda cruzar. Cuando esos objetivos se convierten en instrumento de los políticos, es hora de echarse a temblar.

Pero parece que los que temblamos somos pocos, porque la plaga se extiende y no pasa nada. Es una suerte que existan al menos mentes lúcidas dispuestas a resistir. Cero absoluto es una crítica necesaria a la sociedad de control hacia la que estamos yendo. Es, además, una crítica inteligente, bien planteada y bien escrita. Si estuviera hablando de la novela, probablemente podría decir mucho más. Tomando su fragmento como relato, ya dije que se me quedaba corto. Así que por ahora lo dejo en que es un comienzo muy esperanzador y cuando lea la novela completa intentaré reseñar todo el conjunto.

7.5.08

dossier: mutantes, manuel vilas

No deja de ser curioso que hasta ahora, que he cogido el libro para escribir esta entrada, yo haya estado pensando que la aportación de Manuel Vilas a Mutantes eran unos relatos escogidos de su libro Zeta (2002); cuando resulta que se trata de cuatro capítulos del libro titulado Magia (2004). Como la página web de DVD Ediciones es bastante limitada, y los libros publicados hace unos años por ella son en general difíciles de encontrar, no puedo poner enlaces a dichos libros.

Explico mi confusión. Mutantes recoge cuatro fragmentos de un libro previo de Manuel Vilas. En un principio, mi parte cuadriculada pensó que era una desfachatez incluir fragmentos de otros libros en una antología, puesto que no eran ni siquiera relatos completos. Después, analizando fríamente el subtítulo del libro (Narrativa española de última generación), tuve que convenir que en ningún caso se había hablado de relatos. Yo lo había asumido así, pero es verdad que fue un error por mi parte.

Los capítulos de Magia escogidos transcurren en una ciudad llamada Zeta y, tras leerlos, uno puede perfectamente tomarlos como relatos independientes. De ahí mi confusión con los dos títulos. Creí natural que fueran relatos escogidos de un libro con el mismo nombre de esa ciudad, sin saber que Magia también la tenía como protagonista.

En cuanto a los textos en sí, debo decir que están bien escritos, son entretenidos y se leen en un momento. Pero, la verdad, no mucho más. No me gustaron tanto como para querer leer Magia, ni tampoco Zeta, aunque estoy segura de que tampoco serían una lectura aburrida.

Los dos últimos capítulos, Comida y Gasolinera, me parecieron los más interesantes. El protagonista del último, por cierto, es un gasolinero. Parece que es un personaje recurrente últimamente.

Un fragmento de Gasolinera:

Hola, soy yo otra vez. La gente me ve llorar mientras lleno sus depósitos. Y me preguntan qué le pasa, puedo hacer algo. No puedo decirles que lloro por ellos, que lloro porque los estoy viendo, ay, si les dijera por qué lloro; los veo, el fuego, el combustible, los veo. Se creen que lloro por mí, por asuntos míos, no saben que lloro por ellos. Se quedan tranquilos pensando que un tipo está llorando y que ese tipo no tiene nada que ver con ellos: la historia de la humanidad. Se sienten fortalecidos pensando en que es otro el que llora, se sienten humanos al preguntarme "¿puedo hacer algo?".

25.4.08

dossier: mutantes, germán sierra

Artemio Devlin es el nombre del relato de Germán Sierra que abre la antología Mutantes. Cuando terminé de leerlo, tenía sensaciones encontradas y no estaba muy segura de si me había gustado o no.

Por un lado, es innegable que el relato cuenta una historia, aunque uno sólo se dé cuenta al final. Está bien escrito (el lenguaje es el apropiado) y bien ambientado, algunos de los personajes están dibujados de forma bastante clara y la lectura es adictiva y amena.

Por contra, le encontré varios defectos en cuanto a lo que a mí me hubiera gustado que fuera (porque esto, como todo, es mi opinión subjetiva y como tal debe tomarse). Hay demasiados nombres y personajes. Más de una vez tuve que volver atrás para consultar en la página anterior a quién se estaba refiriendo alguna frase. La sensación general al terminar su lectura fue que esta avalancha de nombres contribuía a despistar al lector y a desdibujar la historia.

El relato comienza con una referencia a un episodio que a la postre no se termina de desarrollar, lo que le resta la importancia que en realidad tiene, puesto que provoca la escena clave para la historia central (o lo que podría entenderse como historia central).

Es posible que mi formación, bastante ortodoxa, me haga analizar los relatos que leo de una forma demasiado rigurosa, o quizá clásica. Sin embargo, como ya dije en la introducción a este dossier, considero que la experimentación y la innovación en estilo o estructura no deben entorpecer de ninguna manera la lectura. Con pequeñas modificaciones (una revisión en cuanto a la cantidad de personajes, el análisis del peso de cada fragmento en la historia global), el resto de las peculiaridades, como esos testimonios que salpican el relato, no hubieran contribuido a la sensación de confusión y probablemente ésta se hubiera paliado.

De todas formas, debo decir que el relato me pareció lo suficientemente interesante como para querer leer algo más de la producción literaria de este autor. Busqué, de hecho, alguno de sus libros en la visita a las librerías de hace unos días, pero no hubo suerte. Las librerías con un buen fondo son una de esas cosas de las que adolece esta ciudad.

Por si alguien tiene curiosidad, en internet se puede leer este relato traducido al inglés, pero no en español.

PD. No es el único relato del libro que he leído a día de hoy. Después de unas cuantas lecturas decepcionantes, he decidido no incluírlos todos en este dossier, sino únicamente los que considere que tienen algún interés.


En este dossier:
Previa

23.4.08

libros: 23 de abril (ii)

Acabo de encontrar en una librería de segunda mano, por internet, el libro que más veces he leído en mi vida y que contribuyó en buena parte a formar mi pensamiento político. Es un libro para niños, lo leí cogiéndolo en préstamo en la biblioteca una y otra vez, y si de verdad me llega por Correo, le voy a poner un altar a Google y a la librería Brönte de Murcia.

Lo más curioso es que, al buscar el título en Google, de las pocas páginas que he encontrado una era este propio blog, en una de sus primeras entradas, cuando todavía era sólo un enlace con mi gente en Madrid y no pensaba ni en broma que fuera a durar tanto.

Espero que este episodio no se repita, porque odiaría convertirme en una persona monotemática o, peor aún, autorreferente.

Feliz día del libro a todos.

libros: 23 de abril