30.10.06

ni humo ni pelo

Tengo desde hace tiempo la firme convicción de que las mujeres podemos dividirnos básicamente en dos tipos: las que siempre llevan el pelo igual y las que no. Digo básicamente, aunque es una palabra que me da bastante repelús, porque existe el término medio, como en todo. Hay mujeres que llevan el pelo de una determinada manera durante años, hasta el aciago día en que, por un cambio de peluquería, un tinte caducado o un contratiempo tan importante como para necesitar soluciones drásticas, se ven de pronto transformadas y el cambio les gusta lo suficiente como para llevar ese nuevo peinado durante otro porrón de años.

Para los hombres es más sencillo. De pequeños, llevan el pelo como sus progenitores deciden que le queda bien al nene. Luego llega la adolescencia y con ella los experimentos con la gomina y el pelo largo, con mayor fortuna en unos casos que en otros. Depués de eso, la etapa adulta temprana, es decir, el primer trabajo, que obliga a un corte de pelo más serio. Algunos muchachos sufren la alopecia antes que otros y por eso no esperan hasta ese momento para cortarse el pelo. Otros no tienen el típico trabajo de chaqueta y corbata y pueden permitirse llevar el pelo al viento durante algo más de tiempo, pero tarde o temprano acaban por cortarlo. A continuación, llega la época de la caída del pelo, que algunos subsanan con rapados expeditivos y otros con experimentos capilares generalmente de poca fortuna (lo que se llama "efecto Anasagasti"). Después de la crisis de los 50, los hombres pueden dividirse entre calvos y canosos, aunque existen algunos elementos díscolos que prueban fortuna con el modelo mayor-pero-vital, que consiste en dejarse crecer unos mechones ralos y recogerlos con una coleta bajo la nuca. Por lo general, lo único que produce esta imagen es la sensación de estar mirando a alguien poco aficionado a la higiene personal, así que es de todo modo desaconsejable intentarlo. No, a Santiago Segura tampoco lo perdonamos.

Para las mujeres, sin embargo, suele ser más difícil escoger. La amplia gama de cosas que puede hacerse una en el pelo estos días (cortes, extensiones, permanentes, alisados, mechas, tintes, baños de color, trencitas, rapados, cardados, recogidos, moños, coletas) podría llevar a la esquizofrenia a la más pintada. Sin embargo, la mayoría de las mujeres se mueven entre varias opciones más o menos conservadoras. El resto, experimenta sin parar con distintos colores y formas. La mayoría de las veces se trata de chicas agraciadas a cuyas facciones les queda bien casi cualquier cosa que se hagan en el pelo.

Y luego están las locas peligrosas. Como yo. ¿Se acuerdan de cuando parecía un Beatle? Bueno, pues ahora he pasado a ser un simpático animalito de los dibujos animados:

Eso sí: yo tengo el cascarón rojo. Toma ya.

PD. Las opiniones se dividen, en mi primer día de oficina con nuevo look, entre los que opinan que parezco más joven y los que dicen que el pelo corto me hace la cara más "redondita", a lo que suelo responder mentalmente con un *&%*#Ç%&·(/&$?#. Le dije a la peluquera que por la mitad del cuello, porque una, a su edad, ya se va conociendo el percal. Si le llego a decir "justo por debajo de la barbilla", como hacía antes, me deja sin pelo. Cuando tenga fotos las subiré para que puedan comprobarlo.

4 comentarios:

Cristina MR dijo...

Je, je, je...
Yo no tengo dudas sobre a qué grupo perteneces tú :P

¡¡¡ Vivan los cambios de look !!!

Seguro que estás bien. Seguro.

Mr. Sandman dijo...

Juas. El segundo párrafo es acertadísimo, al menos en mi caso (yo ya soy de los que tiene que empezar con los rapados). En todo caso cualquiera diría que envidias las limitaciones que tenemos los hombres. Si es que te quejas por vicio...

xaxa dijo...

yo quiero fotos...como no

Ana Saturno dijo...

Gracias por sus ánimos! :-D

Todavía no hay fotos, espero poder subirlas esta semana. Es que están en la cámara de mi cuñada, que está aquí, pero no sé si tiene el cable para descargarlas, le tengo que preguntar. Si no, me haré alguna cutre foto con mi cámara para ponerla.

Besos